El soberanismo en el Congreso

La inteligencia de acordar los Presupuestos

Cuando el Gobierno está en minoría, apostar por el bloqueo es estúpido, y solo lleva a nuevas elecciones. Y se ha de ser muy extravagante para pensar que esto es ahora lo que más interesa a Catalunya

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El diputado Rafael Rufián y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, al fondo tras el voto en contra de ERC al proyecto de Presupuestos del 2019.

El diputado Rafael Rufián y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, al fondo tras el voto en contra de ERC al proyecto de Presupuestos del 2019. / JOSÉ LUIS ROCA

Parece que los partidos de estricta obediencia catalana están recuperando su vocación de utilidad en la política española y hacen valer sus votos, en lugar de instalarse en el siempre más fácil y cómodo verbalismo estéril. Los primeros Presupuestos del Gobierno de Pedro Sánchez se aprobarán gracias a los votos de los diputados catalanes independentistas, después de haberse negociado y incorporado diferentes enmiendas con impacto positivo para Catalunya y varios acuerdos políticos no estrictamente de carácter presupuestario. Sin entrar en detalles, me parece, en cualquier caso, una muy buena noticia. Algunos hemos defendido siempre estos planteamientos (sin demasiado éxito en los últimos años, todo sea dicho) y fuimos duramente criticados entonces.

Es cierto que siempre se pueden juzgar de insuficientes este tipo de acuerdos, o incluso, cuando están marcados por una determinada carga ideológica, se puede discrepar. Y a aquellos que critiquen las ganancias alcanzadas, por insuficientes, siempre les podemos pedir que lo intenten y traten de lograr un mejor acuerdo. Por experiencia, puedo decir que no es fácil. Los márgenes reales en los presupuestos son bastante limitados y las intervenciones que se pueden hacer por la vía de las enmiendas parciales son quirúrgicas y necesariamente deben ser muy estratégicas, aspirando a introducir cambios que refuercen determinadas prioridades y acentos, en favor de la economía productiva, las inversiones en infraestructuras o las respuestas a determinadas problemáticas de orden social.

El PNV siempre ha sido muy disciplinado en esta dirección. Y últimamente muy admirado en nuestro país. Y desde CiU demostramos que podíamos ser notablemente eficaces practicando esta política. La alternativa a este planteamiento es la defensa de la devolución de los Presupuestos. Cuando el Gobierno tiene mayoría y pocas, o ninguna, ganas de negociar, es siempre la mejor alternativa. Instalados en la oposición no tienes más remedio que denunciar las debilidades e incoherencias de los Presupuestos. 

Cuando el Gobierno de turno está en minoría, y necesita los votos de otros grupos para sacar adelante su ley de Presupuestos, lo más estúpido es intentar el bloqueo. Entonces la apuesta por el bloqueo suele ser expresión de impotencia e incompetencia que solo te lleva a la melancolía de lo que hubiera podido ser y que no has intentado y que, más tarde o más temprano, te llevará a nuevas elecciones. Unas nuevas elecciones en las que corres el riesgo de acabar perdiendo el carácter decisivo de los votos que representas, facilitando que sean otros los que efectivamente se conviertan decisivos o haciendo posible nuevas mayorías claramente contrarias a los intereses que afirmas defender. Hay que ser muy extravagante para pensar que unas nuevas elecciones en España es lo que más conviene en estos momentos a la sociedad catalana y a la causa que defendemos los soberanistas.

Estoy seguro de que los partidos independentistas que han rechazado los Presupuestos tampoco aspiraban a provocar unas nuevas elecciones. Aparte, claro, que inhibirse de la defensa de los intereses materiales de la sociedad catalana en la política española es de una enorme irresponsabilidad, más aún en medio de la enorme crisis económica y social que estamos atravesando. Y es que en el ámbito español, los partidos soberanistas catalanes deben tener siempre la ambición del ser lo más útiles posible para sus electores y defender con la mayor eficacia a su alcance los intereses concretos de la sociedad catalana que quieren representar. 

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Finalmente, parece también muy evidente que, tras el fracaso de la DUI de octubre de 2017, lo que nos conviene, en busca de una solución al conflicto entre Catalunya y el Estado, es ir consolidando las mayorías que hicieron posible la moción de censura contra Rajoy en el verano de 2018. La estabilidad en la política española garantizada por los partidos políticos soberanistas es un valor hoy y la mejor garantía para ir avanzando en las soluciones democráticas que necesitaremos construir en los próximos años, incluida la libertad de los presos políticos. El camino a recorrer ni es corto ni es fácil, pero es lo que toca. Solo puedo lamentar que esta posición inteligente no fuera posible la primavera del año 2019. Pero vaya, eso ya es harina de otro costal.