Nuevas librerías

Larga vida a Byron

Durante la desescalada ya he podido celebrar la apertura de dos nuevas librerías en Barcelona

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BARCELONA 20 11 2020 Contarportada Encuentro con MARIANA SARRIAS  directora de BYRON  una nueva libreria que se abre este mismo viernes  FOTO de RICARD CUGAT

BARCELONA 20 11 2020 Contarportada Encuentro con MARIANA SARRIAS directora de BYRON una nueva libreria que se abre este mismo viernes FOTO de RICARD CUGAT / RICARD CUGAT

Ya van dos veces que celebro la desescalada pisando una librería nueva en Barcelona. En abril fue Ona Llibres. Hace pocos días fue Byron, en la calle Casanova. El poeta romántico inglés avala a quienes presumen de ir contracorriente, vivir al margen de los gustos de su tiempo y hasta de las opiniones de sus contemporáneos. Hace falta tener un poco de todo ello para abrir un negocio dedicado a la literatura precisamente ahora.

Un Byron despelucado, joven, guapo y con un aire de depravación encantador me recibe en la puerta, y hace que me sienta como en casa. Voy sola, sin prisa, tengo tiempo para husmear. Percibo en seguida que estos libreros también van contracorriente. Hay en las mesas expositoras títulos que salieron hace un lustro o más. Faltan algunas novedades muy comerciales que nadie echa en falta. En la caja me dice uno de los libreros, tan joven como el Byron del cartel, que está encantado de hablar con los clientes y que le formulen preguntas. Desborda simpatía. Una librería con libreros simpáticos y dispuestos a hablar merece tener éxito. Y larga vida.

Amor a la lectura

Mi ritual para la ocasión: como siempre que entro en una librería nueva, busco libros que hablen de libros. Una, como lectora, tiene sus filias, como en todo. En Byron tropiezo con las dos novelas que Cristopher Morley dedicó al oficio de librero: 'La librería ambulante' y 'La librería encantada'. Por supuesto, no son novedades. Las compro sin pensarlo. En casa, las leo de un tirón, una tras otra. Me maravillo de cómo un libro puede transmitir alegría, ese sentimiento tan difícil de inspirar, tan necesario en estos tiempos. La primera narra la historia de Helen, un ama de casa cuarentona que, cansada de su rutina, se lanza a vender libros en un carromato ambulante. Es una historia de amor a la lectura y a la vida, y también de superación, de gente que se reinventa. Justo lo que necesitaba. «Cuando le vendes un libro a una persona no solo le vendes doce libras de papel, tinta y cola, sino que le vendes una vida nueva», dice uno de sus protagonistas.

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Empujado por el éxito de la primera historia, Morley escribió la segunda, en que Helen, ya casada con el librero Mifflin, se asienta a vender libros y a cocinar en un pequeño local de Brooklyn, mientras ocurren cosas que a ratos convierten la novela en una trama de fantasmas y a ratos la acercan a un relato detectivesco. Se trata de un juego, un guiño, una declaración del amor del autor hacia el mundo libresco y sus protagonistas. Una reivindicación del oficio de librero, que ninguno de ellos debería perderse.

Leo una cita de Christopher Morley que viene al pelo a los libreros (y los seres humanos) intrépidos: «Lee cada día algo que nadie esté leyendo; piensa cada día algo que nadie esté pensando; haz cada día algo que nadie sería lo bastante tonto de hacer. Es malo para la mente formar siempre parte de la unanimidad.»

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Qué pertinente en los tiempos que corren.

 Estoy segura de que George Gordon Byron, el poeta romántico inglés y despelucado, estaría de acuerdo.