LA PANDEMIA

No habrá Navidad en los hospitales

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Equipo de sanitarios en la uci del Hospital del Mar de Barcelona.

Equipo de sanitarios en la uci del Hospital del Mar de Barcelona. / FERRAN NADEU

La conexión sentimental con el personal sanitario de la primera ola se ha roto. Entonces salíamos cada tarde a aplaudirles. Sabíamos que estaban jugándose la vida por nuestras familias y allegados, por usar el término de moda. A cambio, respetábamos el riguroso confinamiento domiciliario. 

Ahora nos enfrascamos en arduos debates sobre si se puede viajar o no por Navidad, en qué condiciones, olvidando que en los hospitales aún se debaten entre la vida y la muerte 2.500 ingresados en las ucis y 13.000 enfermos de covid permanecen en los hospitales. Ni ellos ni de sus familias podrán vivir la Navidad. Tampoco la podrá disfrutar la mayoría de médicos y enfermeros que los atienden, aún desbordados y sin posibilidad de coger días libres.

El extraordinario documental ‘2020’ rodado por el cineasta y reportero Hernán Zin en los hospitales españoles el pasado abril sólo ha podido verse fugazmente en Filmin. Ninguna televisión ha querido emitirlo y pocas salas ha aceptado proyectarlo. Su autor quería “humanizar” la pandemia, que la gente contemplara lo que había ocurrido y aún ocurre en los centros sanitarios, en las morgues, pero no parece interesarle a casi nadie.

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Hay que reconectar con quienes siguen pelándose por nosotros con medios humanos aún escasos y la mejor ocasión es la Navidad. Aunque nos recomiendan fervientemente quedarnos en casa, las autoridades no se han atrevido a cancelar como en Italia la Navidad y han abierto la puerta a los viajes entre comunidades mientras alientan un precipitado optimismo con la llegada de las vacunas.

El mejor aplauso para los sanitarios sería pasar la Navidad en la más estricta intimidad. Con las mismas personas con las que convivimos diariamente. No hay nada que celebrar con casi 300 muertes diarias. Cualquier otra cosa es ponerle la alfombra al virus para volver en enero o febrero a la escenas de la primera ola. Escenas con las que Hernán Zin aún tiene pesadillas y le recuerdan las peores imágenes de las hambrunas en Somalia o del ébola en el Congo.