Editorial

Los presos del ‘procés’ pierden el tercer grado

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El Periódico

Carme Forcadell entrando a la cárcel de Wad-Ras

Carme Forcadell entrando a la cárcel de Wad-Ras / ÁLVARO MONGE

Una vez más, el Tribunal Supremo (TS) ha optado por la posición más severa a la hora de tratar a los presos independentistas condenados por el 1-O. El alto tribunal ha decidido revocar el tercer grado penitenciario concedido por la Generalitat a los nueve líderes independentistas al considerarlo prematuro y sin justificación. El TS carga con dureza contra la Generalitat, a la que acusa de querer cambiar la sentencia que en su momento emitió sobre el caso con un trato penitenciario privilegiado a los líderes independentistas. Es una afirmación que no debería ocultar el hecho de que el tercer grado se concede siguiendo un proceso en el que participan varios técnicos de un equipo interdisciplinar que emite un informe que después debe ser avalado por los jueces de vigilancia penitenciaria. El tercer grado concedido siguió el procedimiento establecido, igual por cierto que el recurso de la fiscalía que ha llevado a la decisión del TS de revocarlo. La diferencia es la severidad con la que se trata el asunto en una instancia y en otra.

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No es de recibo, por tanto, que los que aplaudieron en su momento la concesión del tercer grado descalifiquen totalmente al sistema judicial. Hay motivos para lamentar la severidad extrema del TS, pero no para una injusta moción a la totalidad al sistema judicial español. Una y otra vez, en cada paso del proceso legal, los presos en particular y las sociedades catalana y española en general pagan un duro precio por el gravísimo error inicial: judicializar un asunto que es político.