Nuevo centro hospitalario en Madrid

Sigue viva la España eterna

El hospital de Ayuso se ciñe con fidelidad a las características de muchas infraestructuras de aquí. Está en línea con los aeropuertos sin aviones, las estaciones por las que no pasan trenes o las autopistas sin coches

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Ayuso, junto a Casado y Martínez Almeida.

Ayuso, junto a Casado y Martínez Almeida. / DAVID CASTRO

Aunque su nombre oficial sea Enfermera Isabel Zéndal el centro sanitario inaugurado en Madrid casi seguro que será conocido en el futuro como El Hospital de Ayuso. Ella, la presidenta de la Comunidad de Madrid, ha sido la –usamos aún la palabra prócer?, pues eso: la prócer– que lo ha impulsado. No es una pirámide pero deja huella y facturas para la posteridad. Es posible que además sea reelegida: hay cuestiones que no son personales sino colectivas. España y su manera de gobernarnos es un grave problema colectivo, sin ir más lejos.

También podríamos llamarlo «Otra Institución de la España Eterna» porque se ciñe con mucha fidelidad a las características de muchas infraestructuras de aquí. Está en línea con los aeropuertos sin aviones, las estaciones por las que no pasan trenes o sin apenas movimiento de pasajeros. O las autopistas sin coches.  Para que encaje todo fue inaugurado sin estar acabado ni poder entrar en servicio. Los 80.000 metros cuadrados del recinto y su posible función no responde a ninguna planificación sanitaria previa de necesidades, aunque las haya. Otras lindezas: ha costado el doble de lo previsto por su promotora, las obras fueron adjudicadas a dedo y han tardado en hacerse aproximadamente el doble de lo calculado (perdón por llamar cálculo a lo que se hizo). 

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«Será un hospital para España» fue la gran frase acuñada para la ceremonia de los llamados políticos haciéndose las fotos. Está todo dicho. Recuerden que en las proximidades del Hospital de Ayuso hay centros sanitarios que han tenido plantas cerradas y camas inhabilitadas hasta en los peores momentos de la pandemia, demostrando que en los recortes salvajes a la sanidad pública lo que se sacrificó junto al servicio fue la racionalidad. Dicho sea con perdón, tal vez habría sido más práctico construir un centro psiquiátrico de una sola cama que esta gran infraestructura; más barato, menos absurdo y atendería mejor y más especializadamente al problema. Pero en ese caso Europa se reiría y se escandalizaría menos al analizarnos. Y se preocuparía más al habilitar fondos colectivos para ayudarnos a cumplir nuestra unidad de destino en lo universal, que debe ser lo que quiere Ayuso.