Corresponsabilidad

Reconciliarse

No quiero asumir una doble y triple jornada, la culpa y la carga mental añadida para no detener ni hacer bajar el ritmo de la productividad

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Un comercio cierra antes del horario habitual en Lleida.

Un comercio cierra antes del horario habitual en Lleida. / RAMON GABRIEL

Nuestra forma de vida ha quedado tensionada con la pandemia. Los fundamentos no aguantan. La fragilidad y el equilibrio en el que vivíamos ha estallado por los aires. Y hablamos de conciliar la esfera pública y la privada, y de conciliar la vida familiar y la laboral, pero casi siempre que lo hacemos erramos en el punto de vista. Hablamos de conciliar -la mayoría de veces la palabra adecuada sería corresponsabilidad- desde la óptica de la productividad. No hablamos de parar y reconciliarnos, sino de cuál es la fórmula para no renunciar a nada.

Sorpresa: no existe. Si priorizas la esfera pública, la privada se resiente. Si priorizas la privada, la pública funciona sin ti. En realidad cuando hablamos de conciliación lo que queremos decir es que tenemos que hallar la forma de hacer funcionar este sistema, en lugar de cambiarlo. Conciliar no parece que venga a comprometer la productividad, sino a buscar los equilibrios que nos permitan continuar como hasta ahora. Y en la mayoría de casos, cuando se reclama la conciliación laboral, lo que se reclama es poder llegar a casa a continuar con la jornada, esta vez en el sistema de cuidados, el reproductivo: el invisible.

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No es mi modelo. No quiero conciliar y asumir que la única manera de hacerlo es asumir la doble y la triple jornada, la culpa y la carga mental añadida, para no detener ni hacer bajar el ritmo de la productividad. Y no quiero aceptar que las únicas excusas válidas para el sistema actual sea volver a casa a cuidar de menores: es decir, sostener los cuidados, es decir, que no se detenga la rueda. Resulta que después de algunos años conviviendo con una criatura, en este momento no convivo con ningún menor. Y aunque comprendo que eso me pide menos malabarismos, también necesito conciliar.

La demanda de la conciliación no puede recaer solo en las madres ni en el sistema de cuidados. La conciliación no puede querer decir perder calidad de vida y asumirlo como un daño colateral. Lo que queremos es reconciliarnos, y eso quiere decir algo más que negociar ausencias, hacer relevos en casa y renunciar a la vida privada. Quiere decir algo más, algo que por supuesto no cotiza. Y debe ser el centro.