Al contrataque

Llamada perdida

Que un presidente no coja el teléfono al jefe de la oposición es lamentable, se llame como se llame

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Pablo Casado.

Pablo Casado. / EUROPA PRESS / R. RUBIO

Pablo Casado ha desvelado que telefoneó hace cinco semanas al presidente del Gobierno y que este aún no le ha devuelto la llamada. El líder del PP ha contado, en Antena 3, que lo que quería era explicarle su alternativa al estado de alarma y que ni le cogió, ni trató de contactar con él después. Da igual cuál fuera el tema a tratar: que un presidente no coja el teléfono al jefe de la oposición es lamentable, se llame como se llame. Para Casado, que lo considera “arrogante”, entra incluso “dentro de la mala educación”. “Es algo que no se entiende en ningún país del mundo”, ha concluido.

Yo creo que es una anormalidad democrática que dice mucho del nivel de quien nos dirige y que no debería repetirse jamás. Hasta Mariano Rajoy, que no soportaba al actual líder del PSOE, preservaba las formas. Es más, uno de los encuentros que ambos mantuvieron entre repetición electoral y repetición electoral fue alargado artificialmente, porque terminó en un minuto y eso no lo habría entendido nadie. Los dirigentes políticos no deberían de perder nunca la capacidad de dialogar. En mi opinión, de hecho, entra dentro del salario que les pagamos todos.

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Es que, además, resulta bastante chocante que mientras Sánchez no responde a las llamadas de Casado, algunos socialistas digan en público que han tenido que pactar los presupuestos con Bildu y ERC, porque el PP no ha querido dar su apoyo. Está claro que la derecha no tenía ninguna intención de respaldar esas cuentas, pero si a Casado no le cogen ni el teléfono, es directamente imposible que se baraje siquiera ese escenario. El filósofo José Antonio Marina, decepcionado con el nivel de nuestros dirigentes, sostiene que el Parlamento está para confrontar ideas, no para confrontar personas. Parece una afirmación bastante sensata. En cambio, lo que tenemos, en plena pandemia, es gente que no se habla. Es escandaloso. Mueren cientos de personas al día por culpa del coronavirus y la mayoría de nuestros dirigentes están a vetarlo todo, a ver qué dice el otro para defender exactamente lo contrario y a no cogerse el teléfono. Venga, hombre.