ANÁLISIS

Laporta y Font, el pulso está servido

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Joan Laporta.

Joan Laporta.

La aparición de Joan Laporta en el escaparate electoral permite hacer ya clic a la instantánea de grupo. Nueve hombres se ofrecen de entrada a sacar del agua al FC Barcelona. Quedarán muchos menos para la foto definitiva. Los avales y las firmas harán la criba necesaria en el pelotón.

De todos ellos, Laporta es el único con aura de celebrity, una figura reconocible por el confeti de los éxitos deportivos y el porte desinhibido y hasta gamberro que dotó a sus años de presidencia y que ayer disimuló. El Laporta que reincide tiene 58 años y no 41 como en el 2003, y desde esa madurez parece que hará campaña por lo escuchado en la presentación. 

Aporta como credenciales la experiencia y el amor por el club, también las ganas de trabajar, de unir el barcelonismo y recuperar la Masia. Más o menos la letra de todos. Le diferencia una especie de percusión vitalista, que le da otro ritmo al mismo mensaje. 

El Laporta que reincide tiene 58 años y no 41 como en el 2003 y desde esa madurez parece que hará campaña

Cuando habla de devolver la valentía y la alegría al club apela a los socios que han echado de menos una mayor personalidad en la puesta en escena presidencial; tienta también al seguidor que espera de las altas esferas, más allá de la eficiencia de gestión, unas cuantas dosis de entretenimiento y diversión paralelas a las del campo, y conecta con el barcelonismo que ansía que el péndulo retorne a los años dorados de Pep Guardiola

Misma ideología

El sustento de la candidatura de Laporta empieza y acaba en el hiperliderazgo del propio Laporta, para bien y para mal, frente a otros proyectos más corales y elaborados en el tiempo, como el de Víctor Font. La impresión generalizada es que esto se decidirá, salvo sorpresa, en un pulso entre ambos, dos precandidatos de ideología deportiva y política similar. No han faltado los intentos de fusión o de no rivalizar en los últimos meses. No ha sido posible.

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Pese a las extraordinarias penurias de la entidad, que se ve renegociando salarios y llevado a los tribunales hasta por el exentrenador Setién, la butaca presidencial aún acapara en Catalunya la ambición de un sinfín de empresarios y profesionales dispuestos a liderar o acompañar candidaturas y poner en riesgo su patrimonio, si no su estabilidad familiar y su imagen pública. "Tengo lista de espera", llegó a decir Laporta sobre la composición de su equipo directivo. Resulta sorprendente. Incluso en las mayores de las crisis, el magnetismo social del Barça persiste inalterable.

Todos ellos tienen entre sus propósitos conseguir que Messi siga sintiendo ese magnetismo por la entidad que lo ha visto crecer y triunfar. Laporta se encomienda a una ascendencia basada en la experiencia común, mientras que Font confía en la ascendencia directa de Xavi. Pero a la vista de cómo está el club quizá Messi y su continuidad no debería ser tan central. Importante, necesario, bello, pero no vital. Convendría mirar más allá.