ANÁLISIS

Johnson, en horas bajas

La victoria de Biden, las turbulencias en el seno del Gobierno y la gestión del covid merman al 'premier' en la recta final para el acuerdo con la UE

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Boris Johnson.

Boris Johnson. / AFP / STEFAN ROUSSEAU

Queda un mes para el final del periodo de transición y para alcanzar el acuerdo sobre la futura relación entre la Unión Europea y el Reino Unido. Los impedimentos para llegar al pacto entre Bruselas y Londres siguen siendo los mismos desde el inicio de las negociaciones: la pesca; las reglas ‘antidumping’, o sea, una competencia leal entre las dos partes, y el problema fronterizo entre las dos Irlandas.

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Lo que ha cambiado, y mucho, es la situación de una de las partes, del Reino Unido. No hace faltar recurrir a la célebre frase de un histórico primer ministro de aquel país sobre el paso del tiempo en política. Boris Johnson está experimentando en sus carnes la volatilidad difícilmente controlable en el campo de la gobernación. A principios de septiembre se permitía retar a la UE con una ley que invalidaba algunos de los acuerdos del tratado del ‘brexit’ que él mismo había firmado. También ponía fecha límite, el 15 de octubre, para alcanzar el acuerdo con Bruselas sobre la futura relación. Era un amago de ir hacia un ‘brexit’ sin acuerdo que siempre ha estado agazapado en un sector de la élite conservadora. Venció el plazo y ahí seguimos.

El puntal de Trump

Con la victoria de Joe Biden, Johnson se ha quedado sin un puntal destacado como era Donald Trump. Se aleja la firma rápida de un acuerdo comercial entre el Reino Unido y EEUU en el que el británico había depositado sus esperanzas para sustituir a las relaciones con la UE. Es más, Europa vuelve al radar de Washington. Lo hará con un secretario de Estado, Antony Blinken, que había pasado parte de su infancia y adolescencia en París, lo que sin duda le confiere una mirada europea y, para más inri, francófona. También los orígenes irlandeses de Biden sitúan al presidente electo en una posición contraria a todo lo que suponga una amenaza al acuerdo del Viernes Santo en Irlanda del Norte.

A mediados del mes pasado, Downing Street se convirtió en un escenario propio de un ‘Sí, primer ministro’ en versión siglo XXI. Dominic Cummings, el asesor absoluto de Johnson, el cerebro del ‘brexit’ sin el que el primer ministro no hubiera alcanzado el poder, salía del célebre número 10 de aquella calle con una caja de cartón, supuestamente, con sus pertenencias, como un empleado cualquiera tras ser despedido. Carrie Symonds, la pareja de Johnson y madre de su último hijo, estaba detrás de la salida de Cummings y del jefe de comunicación, Lee Cain.

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Rebelión conservadora

En estos días las nuevas medidas restrictivas para combatir el covid han desatado una rebelión de diputados conservadores más interesados en los negocios que en las víctimas a los que Johnson ha cedido en parte explicando la relación coste-beneficio de las nuevas medidas que el Parlamento debe aprobar hoy. Mientras, a diferencia del Gobierno de Londres, el de Escocia está adoptando medidas sociales claras y definidas para combatir la pobreza al tiempo que ondea de nuevo la bandera del referéndum para la independencia. La recta final para el acuerdo con la UE pilla a Johnson en horas bajas.