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Iluminación navideña y mascarillas en la Gran Via.

Iluminación navideña y mascarillas en la Gran Via. / FERRAN NADEU

Oigo la pregunta en todas las conversaciones: “Y tú, ¿cómo vas a celebrar estas Navidades?”. Es el tema del momento.Tan protagonista, que merecería, por sí solo, toda una encuesta del CIS: ¿con niños o sin niños?, ¿en mesas de cuatro o de seis?, ¿una, dos o tres burbujas al tiempo?, ¿con o sin test previo?, ¿PCR o antígenos?, ¿besugo, pavo o marisco?, ¿'White Christmas' o el "ropo-pom-pón" de Raphael?, ¿corbata o pajarita?... No es difícil suponer que ante la acumulación de respuestas dispares, la misma encuesta, hecha un lío, saltara por los aires. Cada casa es un mundo y cada Nochebuena un jardín privado. Quizás lo mejor sería resumir todas las preguntas en una: ¿qué pasa si este año celebramos al mínimo la Navidad? 

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Si este ha sido un año excepcional, ¿por qué no van a serlo también las celebraciones? No me parece un sacrificio muy grande ceñirse, por una vez y ex-cep-cio-nal-men-te, a lo mínimo imprescindible. Llevamos desde mediados de marzo conteniendo el aliento. Nos equivocamos al dar por hecho que llegado al verano podíamos tomar aire a bocanadas. Y de aquellos polvos, de aquella mal llamada normalidad, llegaron estos lodos de la actual adversidad. Quizás valga la pena, pues, aparcar eso de que "el movimiento se demuestra andando", para afirmar, rotundamente, que el amor (y la cordura, y la cautela, y el mirar por los demás), se demuestra quedándose quieto, desplazándose lo menos posible y juntándose sólo con lo más fiable.

Metidos ya en ambiente navideño se me aparecen, puntuales, Dickens y su 'Cuento de Navidad'. Me encuentro de nuevo en el sueño de Scrooge. Pero quien ahora golpea de manera insistente la aldaba de la puerta no es el espectro de Marley sino el SARS-CoV2 (¡maldito bicho!), que llega acompañado también de tres espíritus: las Navidades pasadas (la primera ola), presentes (la actual, tanto o más letal) y futuras (la tercera, a la vuelta de la esquina). Scrooge supo despertar a tiempo y, una vez revisitado pasado y presente, cambiar, decidido, el curso del futuro. Seamos, por un año, ese personaje de Dickens. Porque consiste solo en eso, en despertar a tiempo y decidirse.