BARRACA Y TANGANA

Nada interesante

Esto no es otro artículo sobre Diego Maradona

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Maradona, como jugador de Argentina, en un partido de su selección rente a Holanda, el 21 de junio del 2008.

Maradona, como jugador de Argentina, en un partido de su selección rente a Holanda, el 21 de junio del 2008. / REUTERS / JOHN SIBLEY

De vez en cuando, mis padres piden quedarse a nuestros hijos el viernes por la noche. Sospecho que piensan que nos hacen un favor, a Delia y a mí, y en teoría así debería ser, pero en la práctica suele ser algo diferente, en la práctica nunca se sabe. Sin niños hay tiempo para pensar, planificar y hacer balance, para sentir la mustiez y la vejez de un modo aplastante, para discutir y para enfadarte. Para buscar sin premio todas esas cosas que ya no están donde las habíamos dejado antes. Sin niños acabas mirando el techo, sumido en el vacío fatal de la existencia, acordándote de lo que no deberías acordarte: tandas perdedoras de penaltis, vidas que han pasado ya o notitas secretas en clases de Historia del Arte.

Además, mis padres nos envían audios de wasap. Nuestros hijos dicen en ellos que se lo están pasando muy bien, que han visto una peli de no sé qué, que han cenado genial y que se van ya a la cama después de lavarse los dientes, que no nos preocupemos por ellos porque ya son mayores, aunque precisamente no exista preocupación más grande. En estos audios tan de clase media, tan occidentales y comerciales, nuestros hijos ponen voz de Disney Channel, que es tan wonderful todo que me imagino a mis padres apuntándolos con una pistola y chivándoles por lo bajini el discurso impecable que habían ensayado antes, amenazantes.

Como sea, mi hija se aburría tanto la otra tarde que se sentó conmigo a ver un partido. Así me lo dijo: me aburro, me siento contigo a ver el fútbol. Nos marcaron un gol, cogí el móvil, abrí la aplicación y escribí una pregunta retórica: ¿Se puede defender peor? Mi hija lo leyó, estirando el cuello junto a mi hombro, y acertó: ¡Sabía que ibas a escribir eso! Pensé varias cosas: me repito, se hace mayor y cuidado con lo que escribas en el wasap.

Regate de 'flipao'

Llevo más de 300 palabras y parece claro que este no va a ser otro artículo sobre Maradona. La verdad es que me lo han pedido bastante, desde que murió, pero la verdad es también que no tengo nada interesante que aportar y hacerlo sería sobreactuar y engañarme. Por edad, el Maradona que conocí en vivo fue el Maradona decadente, el Maradona personaje, y claro que gocé con las redifusiones de sus exhibiciones en el Mundial de México y todo eso, y no he visto jamás nada igual en un torneo tan importante, pero hay algo que me impide sentirlo como propio al cien por cien y comprenderlo en toda su dimensión porque yo no estaba ahí delante, y me da bastante rabia y creo que lo entenderéis, si es que consigo explicarme.

Mi hija dice que no sabe quién es Maradona. Al menos por ahora, en el futuro quién sabe.

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Maradona en mi pueblo llamaban al que intentaba un regate de flipao en un partidito y no le salía. 'Aaaay, Maradonaaa', decían, en plan quién te crees que eres, imbécil, que te has caído solo, que eres más tonto que un conejo; igual que gritaban 'aaaay, Fittipaldiii' al que se marchaba de la plaza arrancando el coche a toda hostia y en derrape. Yo esto aún se lo digo a mi hijo a veces, cuando se la pega con la bici, y no entiende nada obviamente y me mira de tal forma que en realidad es lógico que prefiera pasar los viernes con mis padres.

Esto es lo que puedo contar sobre Maradona, al menos por ahora. Nada interesante. 

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