ANÁLISIS

El minuto 66 de Lenglet

Koeman constató su habitual valentía en Kiev y ante la discontinuidad de Messi se erige en un valor seguro del club

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Verbic y Firpo, en el partido de Champions de Kiev.

Verbic y Firpo, en el partido de Champions de Kiev.

Aunque nunca sabremos hasta adónde llegaron la necesidad y el libre albedrío de Koeman al confeccionar el equipo para Kiev hay que atribuirle el beneficio más que positivo de la duda a la vista de su habitual seriedad y de su valentía. O por lo menos subrayar que en sus mismas circunstancias ni Quique Setién, su antecesor, ni muchos de los otros entrenadores que nos rodean se habrían atrevido a tanto. Después de la derrota en Madrid los ánimos de la familia culé estaban tan degradados por temor, que aunque una derrota en el terreno del Dinamo probablemente no habría sido objetivamente trascendente, desde el punto de vista psicológico hubiera hecho mucho daño. Pero Koeman fue responsable, pensó sobre lo que más le convenía al Barça, a los jugadores y al futuro, y decidió apostar por lo más arriesgado, y puesto en eso, hacerlo de verdad.

Hubo varios momentos diferentes en la decisión. El primero en Barcelona, antes del viaje, descartando a Messi De Jong para ahorrarles el desplazamiento, garantizarles descanso y experimentar con sus ausencias. El segundo al optar por dejar en el banquillo de Kiev a tres titulares sobre los que pondría bastante el peso del combate:  Jordi AlbaGriezmann Coutinho. El tercero al mantener con los que alineó, en su mayoría nítidos reservas, el esquema de juego, la intensidad y la pluralidad de combinaciones colectivas que busca para el Barça que ha de reconstruirse de cara a la etapa postmessiánica.  Luego Koeman tuvo premio: no solo pudo mantener sus planes por la evolución del partido y el rendimiento de los jugadores sino que tuvo la oportunidad añadida de adornarlos con una concesión pública de confianza a los descartables que trabajan con él y dio asimismo ese paso.

No se encogió

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Considero particularmente significativo lo que hizo en el minuto 66. Con una defensa improvisada y poco compenetrada y en el contexto de las estrecheces numéricas de piezas por la imprevisión culpable del club, cuando el técnico tuvo que elegir entre las garantías que le daba la continuidad de Lenglet (único seguro garantizado de toda la zaga) o continuar mirando hacia las conveniencias de fondo y decirles a los reservas que a pesar de eso son jugadores azulgranas para algo, tampoco se encogió. Y para garantizar el necesario descanso de Lenglet alineó en un puesto poco habitual de central a Junior, sobre quien existe cierta unanimidad al considerarle el hombre más flojo de la plantilla, no siendo imprescindible hacerlo y cuando ya estaba claro que una victoria así en Kiev sería un reconstituyente general para el barcelonismo. Junior se defendió, Lenglet descansó y se puso en valor, pasando por encima de la idea de que el Dinamo fue un adversario endeble, hay mejor plantilla de lo que se cree y de que la mejora progresiva del rendimiento --aún muy irregular-- del equipo tiene base y respaldo con el fondo del armario incluso en este tiempo de tan frecuentes lesiones.

El premio son datos. Braithwaite marca y es aprovechable, Mingueza posee virtudes de parche aceptable, Aleñá no se ha desfondado en su larga espera, e incluso Riqui sobrevive a su frustración mientras Matheus existe y si Konrad es necesario no hay que menospreciarle. La cuestión es trabajar intensamente con ellos y hacerles crecer. Cuando se dice que frente a la depresión y discontinuidad de Messi nos queda todavía a Koeman como valor seguro que hasta ahora ha sabido estar en su sitio se reconocen verdades. Están todavía entreabiertas las puertas para que la temporada evolucione mejor en lo referente a la Liga. Otro dato: estoy seguro de que lo de Kiev preocupó a Florentino y desazonó a los administradores españoles del VAR porque ahora saben que no lo tienen tan bien como creían. Hay aún quien piensa y hay aún quien tiene un par. Y en el panorama vacilante del actual fútbol de nuestro país hay muy pocos que reúnan las dos condiciones.

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