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Muertos vivientes

Quien no haya visto morir a nadie puede irse de copas en grupo, no llevar mascarilla, no mantener las distancias de seguridad, hacer política electoralista con la pandemia

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Dos profesionales sanitarios trabajan en la uci del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, este miércoles.

Dos profesionales sanitarios trabajan en la uci del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, este miércoles. / Efe / Alberto Estévez

Lo reconozco. Las cifras del covid aturden. Algunos de los que han muerto a lo largo de esta semana, estaban perfectamente hace un mes. Somos nosotros. No es miedo, es una constatación. Pasa siempre y con todas las muertes: solo mueren los demás. El detalle formidable y salvaje es que, para los otros, cada uno de nosotros somos “los demás”. No es tanatofobia. Es peor. Es el temor a lo aleatorio. 

Sabemos perfectamente que somos mortales y que debemos aprender a tolerar la incertidumbre. Pero ocurre con la pandemia que la muerte se brinda diariamente por azaroso sorteo irracional: 400, 320, 500. Son muchos “demás”. Una levísima dosis de empatía nos hace sentir durante un instante como si en realidad fuésemos verdaderos muertos vivientes. Aquí estamos entre la vacuna y la uci, entre la esperanza y la cadena trófica del virus, entre la racionalidad y los diabólicos aerosoles. La situación es tan grotesca y espantosa que diríase que podemos morir, pero apenas vivir del todo. Los expertos dicen que “un virus es, esencialmente, una mala noticia envuelta en proteína”.

Nos lo cuenta Daniel Closa: “Para imaginar un nanómetro tenemos que coger la distancia entre dos marcas de los milímetros de la regla y dividirla un millón de veces”. Ahí aparecen los virus. Cien veces más pequeños que las células. Dicen que no son seres vivos. Esta es la ínfima dimensión de la adversidad empantanada entre la ciencia ficción y la tragedia.

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Quien no haya visto morir a nadie puede irse de copas en grupo, no llevar mascarilla, no mantener las distancias de seguridad, hacer política electoralista con la pandemia, desescalar, hacer una torre de babel de normas navideñas, estar en contra de las vacunas, considerar que el virus se ha creado en un laboratorio, creer que nos van a inocular un nanorobot y la madre que nos parió a todos.

Para lo que hay que tener valor es para estar en una uci y saber que algunos de los pacientes que aún viven, en una hora, estarán muertos. Hay que tener valor para estar tan cerca del horror. Gracias.

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