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Álbum contra canción

La llegada de las plataformas digitales de música ha dado una estocada mortal a este combate de antaño

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Cintas de casete.

Cintas de casete.

Allá por el año 2000, una discográfica de Hamburgo llamada Trocadero tuvo una idea con la que ganó mucho dinero. Un día se dieron cuenta de que ‘Sunny’, la canción de Bobby Hebb, ponía a la gente de buen humor. La habían grabado muchos intérpretes en versiones distintas, casi antagónicas, pero esa melodía repetitiva soportaba todos los experimentos. Entonces editaron un disco de una sola canción, ‘Sunny’, pero tocada con 16 estilos diferentes. Además del original, la selección incluía versiones de Robert Mitchum, Dusty Springfield, Georgie Fame o Cher, entre otros. Recuerdo que de entrada me pareció una idea absurda –¿escuchar siempre una misma canción?–, pero lo cierto es que era adictivo: cuantas más veces la oías, más querías saber cómo eran las otras versiones.

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Viendo el éxito, Trocadero siguió editando discos con la misma concepción, y así canciones como ‘Summertime’, de los hermanos Gershwin, ‘Light My Fire’, de The Doors, o ‘Take Five’, de Dave Brubeck Quartet, se sumaron a la colección. Aunque era una propuesta atrevida y seductora, también lo era contra natura. Buscaba el reverso de lo que buscábamos en los álbumes: un mismo intérprete, muchas canciones diferentes. Si se quiere, las antologías monotemáticas de Trocadero también eran una variación a partir de otro argumento de los años 80: los álbumes de éxitos. Yo crecí escuchando casetes como ‘La gran Premier’, ‘Rockalipsis’, ‘Boom’ o ‘Gigantísimo’, siempre con aquella leyenda: “Anunciado en TV”. Los discos sencillos recogidos en un solo disco. La canción que querías oír contra el álbum que no te atraía lo suficiente y era demasiado caro. Bob Marley junto a Blondie, Rocío Jurado, Kenny Rogers o Dyango. Aquello sí era eclecticismo.

Todo este mundo desapareció con la llegada de las plataformas digitales de música. Sitios como Spotify dieron una estocada mortal en el combate de álbum contra canción. Las ‘playlists’ ahora son personalizadas y, cuando buscas una canción concreta por el título, la lista de versiones –la mayoría infumables– daría por 10 antologías de Trocadero. El exceso de canciones, paradójicamente, nos está eliminando la capacidad de sorpresa, la mezcla imposible de estilos.

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