Política fiscal

Y si Rufián se hiciera federalista

Es incongruente por parte de aquellos que en Catalunya reclaman recaudar casi todos los impuestos y nunca critican la nula solidaridad de las dos comunidades forales acusar a Madrid de practicar la competencia desleal

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La líder de Cs, Inés Arrimadas, y el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, este miércoles

La líder de Cs, Inés Arrimadas, y el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, este miércoles / DAVID CASTRO

En el debate sobre los efectos de las políticas fiscales de la Comunidad de Madrid llama la atención dos cosas. Primero, que se plantee como un nuevo agravio territorial  por parte de partidos soberanistas cuando la capacidad de subir o bajar tributos propios es parte fundamental del principio de autonomía. ¿Se imaginan qué diría ERC en caso de que el Gobierno español intentara limitar la política fiscal de la Generalitat? Y, segundo, que se esconda que la auténtica disfunción del modelo autonómico es la excepción vasca y navarra, que quiebra por la base el principio constitucional de solidaridad entre españoles. Recordemos que con la renovación de la ley del cupo vasco en el 2017, la aportación de esta comunidad a la solidaridad interterritorial es la irrisoria cifra de 27 millones anuales. 

El nuevo mantra nacionalista tras el fracaso del 'procés' es que la capital de España practica la “competencia desleal” y que se beneficia de un proceso de recentralización cuando la realidad es que si Madrid ha ganado posiciones como el centro económico que no fue durante el franquismo es porque lo ha hecho mucho mejor, mientras Catalunya se ha vuelto menos atractiva. Ahora bien, ¿qué hay de verdad en esa crítica de 'dumping' fiscal? En Madrid nadie paga por patrimonio y el impuesto de sucesiones de testimonial. El sistema de financiación permite también a las autonomías variar el mínimo y el máximo en el 50% cedido por el Estado del IRPF, aunque sin poder alterar su carácter progresivo.

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En Madrid como consecuencia de esas políticas es donde pobres y ricos pagan menos. Los primeros tributan al 17,5% y los segundos al 43%, mientras en Catalunya los que menos aportan pagan el 21,5% y las rentas más altas hasta el 48%. Ahora bien, es incongruente por parte de aquellos que en Catalunya reclaman recaudar casi todos los impuestos y nunca critican la nula solidaridad de las dos comunidades forales acusar a Madrid de practicar la competencia desleal y de querer quedarse con el dinero de todos. La capacidad de subir o bajar impuestos es parte fundamental del principio de autonomía, y no se puede limitarla solo cuando crees que te perjudica.

La enorme riqueza que se genera en Madrid contribuye como ningún otro territorio a la solidaridad general, aunque las políticas fiscales del PP son criticables desde una óptica socialdemócrata porque benefician sobre todo a los más ricos y perjudican la financiación de los servicios públicos esenciales como la sanidad o la educación. Ahora bien, para el resto de los españoles, lo realmente lesivo es la insolidaridad vasca y navarra. Esta debería ser el objeto principal de crítica desde Catalunya, excepto que ERC esté pidiendo una vuelta al centralismo para las autonomías de régimen común. Lo lógico sería proponer una mayor coordinación y el establecimiento de un suelo federal de armonización fiscal en patrimonio, sucesiones y donaciones para poder solo subir los impuestos en lugar de bajarlos como sucede hasta ahora. Esto sería lo coherente si ERC fuera de izquierdas, pero entonces Gabriel Rufián se haría federalista. ¡A que no!