ANÁLISIS

Leyenda en nebulosa

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Núñez y Maradona, en la presentación oficial del astro argentino (1982).

Núñez y Maradona, en la presentación oficial del astro argentino (1982). / ARCHIVO

Dieguito y el Barça quedaron como una leyenda en nebulosa. Algo que quizá fue realidad o lo soñamos. El futbolista era un traje a medida para la definición que los estadounidenses gastan con los personajes inaprensibles, descomunales, incomprensibles desde la razón. Era 'bigger than life', mayor que la propia vida. Y ya leyenda cuando aterrizó veinteañero y virgen de tanto por aquí, el club de memoria selectiva que ha gozado con cuatro de los cinco grandes reconocidos en el mundillo de manera unánime.

Salvo Pelé, todos vistieron la zamarra blaugrana, aunque algunos quedaran en el Olimpo y él en un purgatorio perpetuo, casi literario, imaginado o vivido sin vivir. Largas negociaciones con Boca, precio astronómico (entonces) superior a los mil millones de pesetas, inacabable sainete trufado de personajes con frase en la función.

Tuvo Maradona un paso que no fue fugaz por Barcelona. Mas bien intenso, vivido y sufrido

La presentación, esa melena y esa cara aún de niño, de personalidad por formar que nunca maduró después. El artista, el dominio malabarista del balón, el espectáculo de verlo calentar. Las expectativas jamás consumadas con Lattek y luego, para que estuviera en salsa, con el Menotti de los entrenamientos vespertinos.

Vida paralela

La vida paralela, el clan argentino, los rumores sobre la vida privada, la imposibilidad de meter en vereda a un verso libre. Retazos, pinceladas breves e impresionistas de un genio sin continuidad. Aquella vaselina monumental en Belgrado, aquel Juan José estampado de partes contra un palo del Bernabéu. La entrada criminal de Goikoetxea, la hepatitis, las continuas esperas. Sí, pero no constante.

Estar pendientes de un detalle de su monumental talento para justificar no sólo noventa minutos, sino las ilusiones de toda una temporada. El broche final de aquella ignominiosa noche copera en el Bernabéu. El declive tormentoso. La campaña de prensa desatada desde arriba para empujarle hacia la puerta de salida. Picó el Nápoles y ya nunca quisimos saber mucho más de la leyenda que seguía camino de convertirse en personaje único y posterior caricatura.

La duda para la posteridad de saber si realmente llegó a jugar con y para el Barça

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Transcurridas casi cuatro décadas de un paso por Barcelona que no fue fugaz, más bien intenso, vivido y sufrido, ni él quiso saber más de nosotros, ni nosotros supimos hacer más que aplicarle la memoria selectiva a su paso y recuerdo. La duda para la posteridad de saber si realmente llegó a jugar con y para el Barça o si fue un espejismo que nunca hemos querido constatar porque jamás nos sentimos orgullosos.

Un quiero y no puedo de manual, ni contigo ni sin ti. Tenía que marcar una época gloriosa, tenía que consagrarse, tenía que redimirnos y nada sucedió conforme a lo anhelado. Diego Armando Maradona llevó el 10 y acabó en divorcio sonado, matrimonio no consumado, cada uno por su lado sin llevarse siquiera vivencias realmente plenas, perdido ya el contacto para siempre. Ni uno ni otro quisimos saber nada más. A medias nos quedamos y fuimos los únicos cuando en todo excedió. Otros lo disfrutaron, el barcelonismo fue un tango mudo, que queda sin cantar.