COMERCIO JUSTO

Chocolate no apto para menores

El bajo precio de venta del cacao en países como Ghana y Costa de Marfil hace inevitable el empleo de menores a bajo coste

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Un hombre muestra unas semillas de cacao secas 

Un hombre muestra unas semillas de cacao secas  / EFE/ Jorge Torres

Dos pequeños países africanos producen el 70% del cacao mundial: Ghana y Costa de Marfil. Y más de un millón y medio de niños trabajan en su cultivo. Lo hacen por petición de sus propias familias, que necesitan de su mano de obra para llevar a cabo esta actividad y mantenerse en el límite de la subsistencia. El trabajo en las plantaciones de cacao requiere transportar cargas pesadas, manipular machetes y exponerse a productos químicos, ya que los árboles de cacao son tratados con pesticidas y fungicidas.

La cadena de suministro de esta materia prima tiene forma de reloj de arena: millones de productores por un lado, millones de distribuidores y consumidores por el otro, pero en el centro solo un puñado de grandes empresas multinacionales que adquieren ingentes cantidades del producto y que, por tanto, tienen una enorme influencia en la negociación. La consecuencia es un bajo precio de venta del cacao, que no permite a las plantaciones invertir en la mejora de sus cultivos y hace inevitable el empleo de menores a bajo coste.

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Esta situación hace décadas que se denuncia, y organizaciones de comercio justo como Fairtrade y Rainforest Alliance añaden una prima al precio marcado por los mercados, garantizando un precio de venta que permita unas condiciones laborales dignas para los productores, sin el uso de menores, así como inversiones en los cultivos. Las empresas dispuestas a pagar esta prima quedan acreditadas por estas organizaciones. En junio del 2019, los propios gobiernos de Ghana y Costa de Marfil también intervinieron para fijar un impuesto adicional de 400 dólares por tonelada en sus países, generando un gran revuelo entre las compañías compradoras y volatilidad en la cotización de la mercancía.

A nivel europeo, el país más comprometido es Holanda, con una reciente ley que obliga a todas las empresas registradas en el país, o aquellas que subministran productos, a comprobar si existe esclavitud infantil en su cadena de suministro, y a realizar acciones para combatirla. El incumplimiento de esta ley prevé pena de prisión para la dirección de la empresa e importantes multas. El plan de acción que la empresa diseñe debe estar alineado con los Principios Rectores sobre empresas y derechos humanos de la Naciones Unidas, o bien con la Guía publicada por la OCDE, que ahora mismo son solamente de cumplimiento voluntario por parte de las empresas. Excepto en Holanda.

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Un gran caso de éxito en la erradicación de la esclavitud alrededor del cacao es el de una empresa social holandesa, Tony Chocolonely, fundada por un periodista después de escribir un reportaje sobre el cacao. Esta empresa es actualmente líder de mercado en su país, sin ninguna publicidad y pagando por el cacao un precio muy superior al resto de las empresas. Esto demuestra la creciente sensibilidad social de muchas personas consumidoras.

George Orwell, en '1984', describía una situación en que la ración de chocolate mensual era de 20 gramos, y es que el chocolate nos encanta, y entre todos y todas nos zampamos 4,7 millones de toneladas al año. Saber que no hay esclavitud infantil detrás del chocolate que consumimos puede aumentar también el placer ético de su consumo.