LA CAMPAÑA NAVIDEÑA

Amazon, la 'botiga' y el boicot

La clave en la agria disputa abierta entre las plataformas digitales y el comercio tradicional es la actitud que cada uno de nosotros asuma al respecto

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Tiendas cerradas en el centro de Gràcia, Barcelona, en marzo.

Tiendas cerradas en el centro de Gràcia, Barcelona, en marzo. / ELISENDA PONS

Cerca de la campaña navideña, se ha abierto una agria disputa entre las plataformas digitales y el comercio tradicional. A tal punto ha llegado la cuestión que la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, ha pedido a sus ciudadanos un boicot a Amazon, iniciativa a la que se ha sumado, entre otras, la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.

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Una cita con el consumo a la que, unos y otros, llegan desde trayectorias muy distintas. Así, el comercio tradicional se agarra a la Navidad como una oportunidad para evitar que el desastre del 2020 sea total, mientras que las plataformas se muestran pletóricas, pues la pandemia ha disparado su actividad, y las ha convertido en el asidero al que agarrarse en pleno confinamiento.

Complejo problema

La llamada al boicot, más allá de su oportunidad e incidencia, refleja el complejo problema de fondo, el cómo ordenar la actividad de las plataformas digitales. Estas, como sucede con cualquier revolución tecnológica, han irrumpido a una velocidad muy superior a la capacidad de los poderes públicos para regularlas, atendiendo al interés general. Mientras no se alcance ese marco regulatorio, que permita convivir a lo nuevo con lo antiguo, el malestar irá en aumento, especialmente tras los destrozos de la pandemia.

En este sentido, en los últimos meses se han dado los primeros pasos en dicha regulación. Así cabe entender las diversas sentencias judiciales contra las plataformas, que han venido a desmontar su modelo laboral, que no encajaba en nuestro ordenamiento jurídico. También, desde otra perspectiva, debe entenderse la batalla abierta por la Comisión Europea para fiscalizar a las grandes tecnológicas, entre ellas Amazon, a las que les resulta muy sencillo ubicarse donde más les convenga, eludiendo sus obligaciones tributarias.

Desafío a las plataformas

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Por su parte, el comercio tradicional debe abordar el cómo responder a la competencia de las plataformas, que han venido para quedarse. Ello les obligará a ofrecer un servicio diferenciado, como empieza a suceder en el caso de las librerías. Así, se están abriendo nuevos espacios que, más allá de disponer de libros, cuentan con la cercanía de un librero con quien dialogar y a quien pedir consejo. A su favor, el comercio tradicional cuenta con esa necesidad tan arraigada en la persona de socializar y encontrarse con el otro. Sobre ello, habrá que articular la respuesta a las plataformas.

Pero la clave de todo reside en cada uno de nosotros, enfrentados a decidir en nuestro día a día qué modelo de sociedad preferimos, pues no es lo mismo comprar en Amazon que en la tienda del barrio.  Si la mayoría de los ciudadanos aspira a una ciudad con vida en las calles, lo suyo es apostar por el comercio tradicional. Si, por el contrario, prefiere comprar a través de una app, sin necesidad de levantarse del sofá para seguir viendo su serie favorita, la ciudad será otra. Como no me gustan los boicots, no atenderé las indicaciones de mi alcaldesa. Pero esta Navidad seguiré yendo de tienda en tienda.