ANÁLISIS

Carulla, una actriz única e insuperable

Se lee en minutos
Montserrat Carulla, en su casa, en una imagen del 2013.

Montserrat Carulla, en su casa, en una imagen del 2013. / ALBERT BERTRAN

En un país como el nuestro donde a menudo parecen irreconciliables las generaciones, Montserrat Carulla ha demostrado una admirable juventud aún llevando todo ese peso y ese gran bagaje a sus espaldas. Su contribución a la renovación del teatro en los años 50 y 60, un eslabón que permitió recuperar parte de una tradición, fue fundamental. Su compromiso con el teatro, trabajando en obras de Josep Maria de Sagarra, como 'Soparem a casa' y 'El fiscal Recasens', abrió un camino importante. Pero si algo conocía bien Montserrat Carulla, admiradora de la poesía de Pere Quart, eran los secretos de la métrica. Recitaba sin conciencia de la técnica, no tenía ni que pensar en ella.

Sin embargo, toda esta sabiduría no se ha sabido preservar, no hemos sabido aprender de este enorme legado. Y es una lástima, porque Montserrat Carulla era una enciclopedia no solo de teatro, también de lo que significa el compromiso humano. Era perfectamente consciente de en qué podía brillar, en qué obra podía contribuir realmente a transmitir el mensaje del autor.

Su compromiso era grande porque entendía su profesión como una herramienta de construcción y transformación de la sociedad 

Profundidad y calado

Te puede interesar

Ella no le daba importancia al espejismo del éxito inmediato. Para Carulla lo importante era dotar de profundidad y calado sus interpretaciones. Trabajaba con un rigor impresionante. Lo apuntaba todo intentando que no se le escapara ningún detalle, como tuve la suerte de poder disfrutar en las pocas ocasiones que aceptó alguna de mis propuestas. Pero sobre todo, disfruté de su enorme talento al tener la oportunidad de verla trabajar en sus creaciones con Joan Ollé en obras como 'La plaça del Diamant', 'Coral romput' y 'El quadern gris'. 

En aquellos ensayos a los que tuve la suerte de asistir siempre me maravilló el rigor absoluto de la señora Carulla. La ética de su trabajo la llevaba a no dejar escapar ni una sola sílaba en su afán de entender en profundidad todo lo que hacía y decía. Trabajaba el texto tanto emocional, ideológica como estructuralmente, desde todos los ángulos. Su compromiso era grande porque entendía su profesión como una herramienta de construcción y transformación de la sociedad. Costará aceptar su pérdida.