28 nov 2020

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ELECCIONES CATALANAS

El ’vicepresident’ con funciones de ’president’ Pere Aragonès y la ’consellera’ portavoz, Meritxell Budó (JxCat), el 30 de septiembre. 

JOAN CORTADELLAS

Tres encuestas y un funeral

Luis Mauri

La correlación de fuerzas dentro del bloque independentista puede estar a punto de dar un vuelco histórico. Por primera vez, el alma convergente relegada a un puesto subalterno. Y Esquerra, reina del lugar

El nacionalismo/independentismo catalán es un asunto colegiado. O corporativo. Desde la restauración democrática, siempre que ha gobernado lo ha hecho en coalición. Así fue durante los 23 años de Pujol (CiU), los cinco de Mas (CiU y luego CDC+ERC), los dos de Puigdemont (CDC+ERC), el año y medio de Torra y la etapa accidental de Aragonès (JxCat+ERC). El alma convergente ha liderado sin interrupción ni discusión todas esas corporaciones gubernamentales. Hasta ahora.

Esta semana, ERC JxCat han emulado con notoria ventaja los conflictos internos más abruptos del tripartito de izquierdas, o los de Unió Convergència, incluso los de los ejecutivos de Suárez en la Transición. Pero mientras medio Gobierno catalán dejaba plantado en la mesa al otro medio, la semana ha alumbrado tres encuestas electorales (ICPSCISCEO) que coinciden en un pronóstico relevante: la correlación de fuerzas dentro del conglomerado independentista está a punto de dar un vuelco histórico. Por primera vez, el alma convergente relegada a un puesto subalterno. Y Esquerra, reina del lugar.

Los tres sondeos prevén un estancamiento de la política de bloques en Catalunya, pero al mismo tiempo abren una tímida rendija a la ruptura de la bipolaridad. Una entente entre ERC y los 'comuns' con el aval del PSC es hoy por hoy muy improbable. Pero ninguno de los tres sondeos niega tal posibilidad.

Puñaladas hondas

La guerra entre JxCat y ERC por la hegemonía es vieja, pero hace ya tiempo que dejó de ser sorda; ahora se libra en campo abierto y sin cuartel. Las puñaladas han llegado demasiado hondo. Pese a ello, ambas formaciones pueden estar condenadas a cohabitar de nuevo, aunque con inversión jerárquica. Solo una victoria amplia e inapelable de los de Junqueras sobre los de Puigdemont podría interrumpir el insomne concurso de patriotismo y desbrozar la vía hacia un cambio de alianzas.

Tres encuestas. Y un funeral, colectivo y personal. El de la familia política convergente, si pierde por primera vez el liderazgo nacionalista. Y el de Puigdemont, desposeído entonces del as con el que podría tratar de aliviar su enredo particular. Pero solo son encuestas. Sin urnas no hay funeral. Ni paraíso. Solo parálisis.