29 nov 2020

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Al contrataque

Simulación de las luces de Navidad en las calles de Barcelona.

¿Feliz Navidad?

Carles Francino

La mezcla de políticos erráticos y ciudadanos cabreados puede derivar en un cóctel explosivo que nos conduzca a una tercera ola

Ya estamos metidos en otra carrera. No me extraña que tengamos grandes campeones en motos y coches porque nos encanta la competición. Y el riesgo. Ahora parece que se trata de ver quién llega mejor a la Navidad. Da igual que el coronavirus siga por ahí a su bola, que lo más importante para algunos es intentar “salvar la Navidad”. Como a un soldado Ryan cualquiera; igual de absurdo. A lo mejor podríamos empezar por salvar los negocios que han permanecido cerrados a cal y canto, sin ayuda de ningún tipo en el caso de Catalunya. Y tampoco estaría de más que alguien con mando en plaza aclarase por qué en el resto de España se ignoraron durante varias semanas los buenos resultados obtenidos en Madrid a través de los tests de antígenos. Se están tomando decisiones que afectan a nuestra salud, nuestro bolsillo y nuestras libertades, pero se explican poco. Y si a todo esto le añadimos la obsesión por “salvar la Navidad”, que Dios nos coja confesados.

La mezcla de políticos erráticos y ciudadanos cabreados puede derivar en un cóctel explosivo que nos conduzca a una tercera ola. Por todo ello me permito compartir las reflexiones de un doctor en Salud Pública por Harvard y una enfermera de La Fe, en Valencia. Les separan casi 6.000 kilómetros, pero les une el sentido común. Elvis García, asturiano, con el nombre de la estrella del rock que murió el mismo año en que nacía él, no tiene dudas: “Claro que se puede salvar la Navidad; solo hay que ver cuántos muertos estamos dispuestos a asumir para poder ir de compras y salir de fiesta”.  “Quizás debamos perdernos estas Navidades -me dijo la otra tarde en la radio- para poder tener unas el próximo año”.

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Mireia Colomer está especializada en salud mental y su trabajo le permite confirmar que tanto pacientes como sanitarios están muy tocados. Hay más ansiedad y menos aplausos. Pero Mireia ya se ha despedido de sus padres hasta el próximo año. En su cuenta de Twitter 'Enfermera al borde de un ataque de pánico' lo cuenta: “No voy a ponerles en peligro estas Navidades. Sed coherentes, por favor”. ¿Seremos capaces?