26 nov 2020

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Editorial

Los hoteles, en espera de la recuperación

La normativa de alojamientos turísticos deberá ajustarse a una situación de reconstrucción muy distinta a la que la motivó

El Hotel Rialto, situado en la calle de Ferran, cerrado por la pandemia.  

El Hotel Rialto, situado en la calle de Ferran, cerrado por la pandemia.   / Ferran Nadeu

Solo 118 hoteles siguen abiertos en Barcelona, con más de 300 cerrados. Los primeros apenas mantienen sus constantes vitales, con un 5% de ocupación y tanteando actividades alternativas. Este es el panorama actual de un sector que incluso había capeado con suficiencia la crisis del 2009, gracias al turismo exterior, y que ahora tiene unas perspectivas de recuperación más alejadas en el tiempo incluso que otras actividades. Ni siquiera el aún incierto final del confinamiento municipal o comarcal en fin de semana, que podría reanimar el turismo interior, bastará para reactivar la llegada de clientes a los hoteles: será necesaria una situación de confianza que facilite la movilidad internacional que difícilmente llegará hasta que la curva de contagios en Europa se doblegue notablemente o se establezcan protocolos seguros mediante el uso de tests rápidos. Y seguramente se deberá esperar a que hagan efecto las esperadas campañas de vacunación globales; aunque no es fácil que todos los negocios consigan sobrevivir hasta ese momento, advierte el sector, con el actual marco de ayudas públicas.

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Esta difícil coyuntura es la que el presidente del Gremi d’Hotels de Barcelona, Jordi Mestre, ha analizado en el foro de debate Primera Plana de EL PERIÓDICO. Un reto de «supervivencia» y «superación» que pasa, sostiene, por redefinir el modelo turístico de Barcelona y confiar en la reputación y prestigio acumulados.

Al menos, la crisis ha puesto en evidencia hasta qué punto Barcelona depende del turismo, lo que debe estimular alternativas pero también reactivar las campañas de captación y aparcar los discursos antiturísticos viscerales. Hay puntos en los que la administración municipal y los hoteleros coinciden: acotar el alquiler de pisos turísticos, una actividad con mayores costes para la ciudad en términos de creación de empleo, fiscalidad y opacidad, conflictividad vecinal e impacto sobre el  mercado inmobiliario. Uno de los grandes caballos de batalla entre ayuntamiento y hoteles fue el restrictivo plan de alojamientos turísticos. Quizá sin el freno que supuso la crisis sería hoy mayor. Pero es el momento de revisarlo en un contexto muy diferente, en el que debe facilitar la recuperación del sector cuando sea posible en vez de actuar como freno.