02 dic 2020

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ANÁLISIS

Griezmann y Messi, tras la derrota contra el Atlético.

AFP

Como un descenso a los infiernos

Antonio Bigatá

En lo que se parece mucho a un lento descenso a los infiernos el Barça fue sensiblemente inferior al Atlético de Madrid, un equipo que le ha sustituido como claro aspirante al título de Liga, y ha quedado instalado en la zona media de la tabla. Lo vimos todos y el dato final está ahí.

Es un equipo irregular. Tuvo lucidez Koeman cuando avisó en la pretemporada que la plantilla estaba descompensada por la falta de algún delantero con capacidad de gol y algún central más de garantías. Vaya por delante que además de ese análisis Koeman está cumpliendo a pesar del 1-0 de Madrid.

Vaya por delante que Koeman está cumpliendo pese a la derrota contra el Atlético

El equipo está cambiando el sistema táctico (lo que determina que las voces críticas sin paciencia digan que ahora no juega a nada):  ya no es un conjunto confiado en que Messi resolverá los problemas e intenta jugar más como un colectivo.

El técnico holandés está restaurando con acierto piezas importantes: la reactivación de Dembelé es evidente, el nuevo Coutinho ya no es el apático futbolista al que recetaron un cambio de aires terapéutico en Alemania. La mejoría de rendimiento práctico de Sergi Roberto es una nueva arma.

Griezmann todavía no marca goles pero ocupa con eficiencia espacios que deberían estar mejor atendidos por sus compañeros. ¿Y qué decir del respaldo real a Ansu Fati y Pedri al darles oportunidades continuadas y responsabilidades mayores?

Silencioso choque de trenes con Messi

El Atlético ahora es mejor que el Barça porque Koeman todavía no ha encontrado la tecla para hacer explotar para bien a De Jong y Pjanic, principales víctimas de la falta de asentamiento del centro del campo con los titubeos sobre el grado de liderazgo que puede/debe tener todavía Sergio Busquets.

Todos vemos que Leo se ha hecho mayor, pero todos nos preguntamos si esa dosificación voluntaria no es ya de cara al año que viene

Pero donde todo lo que se construye parece conducir a un descenso a los infiernos es en la impotencia en su silencioso choque de trenes con Messi. Pese a los momentos sueltos --en algunos casos, ratos-- y esporádicos que le alejan del banquillo de los prescindibles la dura realidad es que ni lucha de verdad, ni establece las distancias con las figuras con las que se enfrenta el equipo (en Madrid el barcelonismo habría disfrutado con un trueque con Joao Félix, y no sólo por la edad), ni marca algunos goles que antes hacía casi con los ojos cerrados.

Todos vemos que se ha hecho mayor; pero además todos nos preguntamos si aquel visto y consagrado modelo de dosificación voluntaria con el que antes descansaba para recargar fuerzas para durar hasta el final de partido no se ha convertido ya en una dosificación para lo que hará el año que viene fuera del Barça donde debe esperar hacer su nuevo y lujoso contrato.

Ridícula cantada de Ter Stegen

Con lo que les he contado y con mi testimonio de que el Atlético de Madrid ya no juega sólo a intentar ganar poniendo tensión, puñaladas y mucho correr, como les pedía antes Simeone a sus hombres, sino que construye buen fútbol continuamente, casi tienen ustedes mi crónica de ese partido.

El Barça enfrente luchó pero aún no está maduro, acusó lentitud, brilló solo en contadas ráfagas y encima visitó las desdichas del infortunio. Esa es la palabra que describe el gol atlético.

Mucha alma culé intuyó asistir a una despedida cuando se le doblaba a Piqué la rodilla de forma tan antinatural

Fue en el peor momento, por fallo del que suele ser siempre el mejor jugador (no se recuerda una cantada más ridícula de Ter Stegen), y hasta aquel momento merecía puntuar. Pero faltaba apurar el cáliz: en la segunda parte no mejoró en sus combinaciones y ocurrió lo de Piqué.

En ese partido que de antemano parecía idóneo para ser el del asentamiento del Barça en transición además de la victima colectiva hubo una víctima individual. Piqué, el hombre de casa como si fuese un mercenario más que tuvo la debilidad de aprovechar el desmadre interno del club para prolongar por dos temerarios años su jugoso contrato, sufrió una probablemente muy seria lesión. Mucha alma culé cuando vio como se le doblaba la rodilla de forma antinatural intuyó  asistir a una despedida.

Después de que buena parte del barcelonismo que respaldó a Bartomeu cuando retuvo contra natura a Messi ya masculla para sus adentros que habría sido mejor haber empezado la transición este año ya sin el argentino, con algo más de dinero y los fichajes nada caros de Eric García y Depay, ahora sabe que empiezan otras cosas.

Si el año próximo además de no disponer de Messi tampoco puede seguir de verdad Piqué el Barça tendrá que hacer la transformación pendiente quiera o no por la fuerza de la gravedad. Incluso si un encadenamiento de pandemias suspendiesen indefinidamente las elecciones. Unas elecciones que sí, no lo duden, vendrán, aunque llegan tarde y ya veremos con que nuevos problemas bajo el brazo.