01 dic 2020

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EL TABLERO CATALÁN

El ’vicepresident’ con funciones de ’president’ Pere Aragonès y la ’consellera’ portavoz, Meritxell Budó (JxCat), el 30 de septiembre. 

JOAN CORTADELLAS

La separación de los siameses

Josep Martí Blanch

Si ERC gana las elecciones, el PSC obtiene buenos resultados y el PDECat consigue un puñado de diputados suficientes podríamos estar ante el final de la vida en común entre republicanos y JxCat

La degradación de un gobierno alcanza su zénit cuando son sus propios protagonistas los que dicen enrojecer de vergüenza cuando se autoanalizan. Si el ejecutivo es de coalición debe añadirse para medir el alcance de la degeneración el calibre ofensivo de los adjetivos que los socios se dedican entre ellos.

En Catalunya ambos valores cotizan en máximos, así que es sencillo colegir que el Govern está hecho trizas. No se gusta cuando se mira al espejo y entre socios se dicen de todo menos bonito. Va a seguir así hasta el día que abran los colegios electorales el 14 de febrero, siempre y cuando no se imponga el virus del oportunismo táctico de JxCat, expresado abiertamente por la 'consellera' de Presidència, Meritxell Budó, para alejar aún más la fecha de las elecciones con una segunda prórroga -la primera se pactó en Colliure entre Carles Puigdemont y Quim Torra- y alargar la estadía del gobierno en la unidad de cuidados intensivos.

Ante este panorama hay quien ya levanta la vista para imaginarse la próxima legislatura. El análisis hegemónico sigue siendo el que podría bautizarse como la condena de los siameses. Desde esta perspectiva ERC y JxCat seguirán obligados a entenderse, sólo que probablemente con las tornas cambiadas si las encuestas aciertan y los de Oriol Junqueras acaban llevándose el gato al agua. Para afianzar esta hipótesis mayoritaria se añade que aunque ERC pueda, teóricamente, explorar nuevos caminos buscando la compañía de otros partidos de izquierdas -como ya hizo con los dos tripartitos- estos resultarían intransitables para la mayoría de sus votantes y en poco tiempo los republicanos volverían a quedarse en los huesos.

ERC gobernando en solitario

Pero aún así existen escenarios más disruptivos que van tomando forma, siempre supeditados a que la aritmética parlamentaria los posibilite. Desde entornos muy diferentes -derecha, izquierda, actores económicos- empiezan a desgranarse las virtudes teóricas de un escenario en el que el eterno adolescente de la política catalana, ERC, alcanza definitivamente la mayoría de edad y acaba gobernando en solitario.

El PSC está balizando una gran pista de aterrizaje a ERC. La extrema suavidad con la que los de Miquel Iceta enfocan su labor de oposición en este tramo final de legislatura -que va más allá de la que requiere la negociación política de los presupuestos en el Congreso- así lo indica. No resulta difícil imaginar a los socialistas avalando un gobierno en solitario de Pere Aragonès. Aunque incluso con las encuestas más optimistas seguirían faltando piezas para armar el puzle. Lo más fácil es pensar en los 'comuns'. Pero esta operación de permitir gobernar en solitario a ERC sería más factible con el PDECat, que por primera vez ha sacado la cabeza -aunque solo de modo testimonial- en una encuesta del Centre d'Estudis d'Opinió.

Un buen resultado del PDECat es clave en esta operación. Cada diputado de más que saque esta formación es un representante menos para JxCat, con lo que la ventaja de ERC sobre los de Puigdemont se ampliaría, facilitando la percepción de una victoria inapelable de los republicanos. El incentivo para los 'pedecateros' de facilitar ese hipotético gobierno en solitario republicano sería doble. En primer lugar, situaría a JxCat –su rival más natural- en una situación complicadísima, puesto que sin el cemento del poder institucional sería mucho más complicado que el partido de Puigdemont resistiese el peso de las contradicciones ideológicas que anidan en su seno. En segundo lugar, el PDECat podría acelerar su robustecimiento situándose como la única alternativa ideológica soberanista a un gobierno de izquierdas.

Artillería del PDECat contra JxCat

Este escenario solo es posible con un buen resultado del PDECat, que por ahora las encuestas no anticipan. Por eso cada vez son más los que en el seno de este partido insisten a diario a su candidata, Àngels Chacón, para que eleve el tono de sus críticas a sus antiguos compañeros de JxCat. En la sede de la formación coordinada por David Bonvehí consideran que las últimas semanas han perdido una oportunidad única de posicionamiento y notoriedad por no atreverse a disparar con artillería suficientemente gruesa contra el Govern. Chacón, de momento, se resiste. Le pesa en demasía su paso por el Govern Torra y su propio carácter, de por sí mesurado y empapado de una trayectoria más institucional que de brega política. No obstante, el grupo dirigente del PDECat está convencido que sólo atreviéndose a un combate directo con JxCat, que permita a los ciudadanos diferenciar entre uno y otro proyecto político, puede garantizarles unos resultados que no sean sólo testimoniales.

No va a haber un tripartito de izquierdas en Catalunya. Pero si ERC gana las elecciones claramente, el PSC obtiene unos buenos resultados y el PDECat consigue un puñado de diputados suficientes podríamos estar ante el final de la vida en común de los siameses. Aunque hasta que no llegue el escrutinio todo esto no pasa de cirugía teórica avanzada.