29 nov 2020

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Dos miradas

El todavía presidente de EEUU, Donald Trump.

CHRIS KLEPONIS / ZUMA PRESS

Se queda

Emma Riverola

Ahí está Trump, pataleando como un niño por su juguete perdido. Sus fieles le apoyan, pero el poder ya le da la espalda. ¡Es el capitalismo, estúpido! Trump ha perdido, y podemos imaginar a la democracia suspirando aliviada. No las tenía todas consigo. Es evidente que no tener a un bravucón a los mandos de EEUU determina la política internacional: las alianzas con otros gobiernos populistas, los tratados de comercio, el combate contra el cambio climático, (el mercado de) los conflictos bélicos… ¿Y en la sociedad? 

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La herencia de Trump es también el legado de la reacción contra él. Ni el #MeToo ni el ‘Black Lives Matter’ (las vidas negras importan) nacieron con Trump, pero bajo su mandato alcanzaron niveles de movilización sin precedentes y lograron sacudir los pilares de la sociedad. Su temblor se ha extendido más allá de sus fronteras y ha cambiado miradas, subvertido dinámicas discriminatorias y abierto debates que parecían reducidos al activismo radical. Ambos son movimientos que han visibilizado exclusiones y violencias reiteradas y extendidas. Se va Trump, pero la lucha contra lo que él encarna se queda.