29 nov 2020

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LAS RESTRICCIONES POR EL COVID

No vuelvas a casa esta Navidad

ANNA BAQUERO

No vuelvas a casa esta Navidad

Imma Sust

Más que salvar las fiestas, hay que procurar que después de esta pandemia todo sea siempre una fiesta, lunes, martes o miércoles, mayo, diciembre o febrero

Qué pereza de vida. Tengo un problema enorme. Soy soltera y catalana. Sí, lo peor que puede ser una persona en estos momentos de incertidumbre. Una ‘loser’ de manual. He pasado el confinamiento como he podido, pero llegados a este absurdo momento, una ya no puede más. Seré una insolidaria, igual sí. ¡Pero es que no tengo 12 años ni edad para botellones en el parque! Necesito ser libre y volver a casa a la hora que me dé la real gana y acompañada si quiero. Sin tener que aguantar a nadie hasta las seis de la madrugada. No es una frivolidad. Es mi vida. Esto nos pasa a los solteros, nuestra vida va más allá de nuestro hogar. Amigos, comidas, charlas interminables sin mirar el maldito reloj como si fuera la Cenicienta. ¡Es que ni eso! Ella puede volver a medianoche.

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Luego, se acerca la maldita Navidad y todos encerrados para que esta no sufra. Como si no supiéramos ya que no vamos a tener ni Nochebuena ni Nochevieja, ni visita a ‘Cortilandia’. ¿Pero saben qué? A mí me da igual la Navidad. Eso es otra cosa que aprendes cuando eres soltera. La Navidad no importa. Es una fiesta católica creada para las familias convencionales. Los que no tenemos hijos, no la necesitamos. Yo puedo ver a mis padres cuando quiera. ¡Ay no! Que viven fuera de Barcelona y el confinamiento perimetral no me lo permite. Eso sí me cabrea, y no las fiestas navideñas. Nunca me ha pasado nada interesante en Nochevieja. Las cosas más maravillosas de la vida te pueden pasar un martes cualquiera. No me quiten eso y dejen la Navidad para los mediocres. Para los que no se quejan, para los que siguen la corriente. Para los amantes del “quiero y no puedo”.

Demasiado tarde

Nos horrorizamos de los políticos que tenemos, pero la verdad es que creo que nos los merecemos. Sobre todo en Catalunya. Los catalanes siempre pringamos más que nadie. Y no lo digo solo por el San Esteban, que es una celebración ridícula que consiste en acabar devolviendo la comida y cena del día anterior. Mientras en Madrid tienen teatros, restaurantes, toque de queda a las 12 y una tapa por cada caña. Aquí, cuando nos dejen abrir los bares este lunes, verán como la mitad de los negocios seguirán con la persiana bajada. Ya será demasiado tarde. Pero todos preocupados por la Navidad, eso sí. ¡Hay que salvar la Navidad! Esa manía que tenemos los humanos del primer mundo de intentar salvarlo todo. Que estamos fatal, que el mundo entero está enfermo.

En casa, cuando era pequeña, si uno se ponía enfermo, no se celebraba nada. Ni cumpleaños, ni castañadas ni navidades. Y mi madre siempre decía: "Ya lo celebraremos el año que viene. A dormir". Pero en nuestro pequeño país esto no nos lo podemos permitir. Y tenemos que engañarnos montando actos surrealistas como el Sant Jordi de verano o la fiesta mayor de la Mercè, que si no llega a ser por los fuegos artificiales ni nos enteramos de que existe. ¿Por qué no le ponemos dos ovarios al tema y suspendemos definitivamente la Navidad? ¡Pero ya! Antes de gastarnos la pasta en decoraciones e iluminaciones ridículas, que solo servirán para que las disfruten los ‘glovers’ y los taxistas.

Reyes con mascarilla

La Navidad se hace para los niños y estos se han portado demasiado bien como para que ahora los confundamos todavía más. ¿Habrá que pedir hora para ver a la cabalgata de los Reyes magos? ¿Estos llevaran mascarilla? ¿Se pondrán hidrogel antes de envolver los regalos? ¿Se harán el test de antígenos antes de subir a casa? Ni Papá Noel en el Corte Inglés ni nada que se le parezca. En serio. ¿Por qué no aprovechamos la ocasión para sincerarnos con nuestros niños y decirles la verdad? En plan… “Mira niño, no está el patio como para que os engañemos. El bicho mata gente y los reyes son los padres. Fin”.

 ¡Carguémonos la Navidad! ¡Para siempre! Que el 2020 sea el último fin de año de nuestra vida y que después de esta pandemia todo sea siempre una fiesta. Lunes, martes o miércoles. Mayo, diciembre o febrero. ¡Qué nada nos despiste! Hay que vivir el presente y celebrar el día a día. Hay que abrazarse más, tocarse más y hacer más el amor. Aunque no estemos enamorados. Esa es la cosa.