01 dic 2020

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POLÍTICA CATALANA

La portavoz del Govern, Meritxell Budó.

EUROPA PRESS

Los agitadores

Emma Riverola

Para laminar a ERC y sellar la posibilidad de cualquier fuga a partidos no soberanistas, la consigna en JxCat es agitar, agitar y agitar

Hay muchos modos de hacer política, y no siempre pueden elegirse. No es lo mismo tener poder que aspirar a tenerlo. No es lo mismo saber que vas a mantenerlo durante un tiempo que estar ante una reválida permanente. Es en la pérdida o en el temor a la pérdida donde se vislumbra el carácter de cada candidato. El recuerdo de un Albert Rivera abstraído, crespo y desnortado es el retrato de una mala digestión electoral. Por el contrario, la imagen de un Pedro Sánchez quijotesco, enfrentado a barones y patrones, tiene mucho que ver con el sillón que ahora ocupa. La agitación suele acompañar a los candidatos que tienen poco que ofrecer. Cuando la mala gestión pesa o las propuestas dejan de ser factibles o resultan endebles y desdibujadas, agitan lo que hay. El objetivo es evidente: hacer la vida más incómoda a los que sí tienen un camino viable que ofrecer. Las ganancias se obtienen por la merma del otro.

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En ese juego andan el PP de Pablo Casado y Vox. Agitando a las víctimas de ETA, la inmigración y lo que haga falta para tratar de remover las sillas de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. ¿Y en Catalunya? Las encuestas vislumbran una clara victoria de ERC. El camino emprendido hacia el pragmatismo –con puntuales (e irritantes) toques esencialistas para solaz de los exaltados– parece ser el preferido por la mayoría de los votantes independentistas. No hay renuncia a la independencia, pero tampoco la insistencia en mantener un muro contra el que darse cabezazos. Esa no es la estrategia de Junts, empeñado en seguir dibujando un trampantojo en la pared. El mandato del 1-O es el mantra. Un horizonte sin vía para alcanzarlo, un altar de fe reservado para devotos irreductibles. Y, a falta de realismo, la consigna es agitar, agitar y agitar. Con la gestión de la pandemia, con la inmersión en las escuelas, con lo que sea. Todo para laminar a ERC y sellar la posibilidad de cualquier fuga a partidos no soberanistas. ¿Qué puede salirles mal? Que, con tanta agitación, el votante acabe mareado. Y en su casa.   

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