01 dic 2020

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Al contrataque

Alfons Quintà, primer director de TV3.

El país de Quintà y Pujol

Antonio Franco

El 'expresident' compró la adhesión del informador que le hundió poniendo en sus manos su mejor proyecto: crear TV-3

Cuando leí 'El hijo del chófer', sobre Alfons Quintà, el comunicador que fundó lo bueno y lo malo de TV-3, descubrí algo. Jordi Amat había escrito debajo suyo otra historia paralela: la del desprecio de Jordi Pujol a la prensa como contrapeso en las sociedades democráticas. En pintura es frecuente que el artista superponga dos obras pero lo es menos en la literatura. Los dos argumentos son muy complementarios. Porque Quintà fue quien publicó en 1980 la crónica que desprestigió para siempre a Pujol como banquero. Resultado: le reafirmó como activista contra los medios críticos. Por eso desde la Generalitat fue tan intervencionista en los nombramientos y contenidos de la radio y la TV públicas siguiendo lo que había hecho antes, en 'El Correo Catalán' y 'Destino', donde mostró su falta de respeto a la independencia de los periodistas de los medios privados. 

Aquel trabajo, 'Dificultades económicas del grupo bancario de Jordi Pujol', publicado poco después de que ganase las elecciones catalanas, además de emborronar irreversiblemente su imagen como financiero forzó su decantación hacia el populismo, la hipocresía y la manipulación mediática como prácticas sistemáticas para conservar el poder. Si Quintà fue un hombre mentalmente difícil, Pujol también. Para muestra dos botones sobre sus retorcidas estrategias defensivas. Compró la adhesión del informador que le hundió poniendo en sus manos su mejor proyecto: crear TV-3. A punto de ser pillado por defraudar a Hacienda hizo una despistante confesión pública de deshonestidad que además de imposibilitar su posterior defensa legal machacó la posibilidad de que pasase a la historia como alguien no despreciable.

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"¿Por qué en nuestro país nadie dice la verdad?", cita de una carta de Josep Pla a Jaume Vicens Vives, es otra perla del libro. En la doblez de Pujol está la normalización de muchas mentiras y silencios de nuestra convulsa realidad actual. Por otra parte el comportamiento profesional de Quintà es un antecedente de la información interesada y la desinformación  que rodea a un país que ni siquiera sabe si aquí se proclamó de verdad la independencia.

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