01 dic 2020

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DOS MIRADAS

Hoy se inicia el Gran Recapte por parte del Banc dels Aliments.

JOAN CORTADELLAS

Al Gran Recapte no hay que llamarle caridad o limosna, sino socorro, refugio, abrigo y resguardo para tiempos cercanos a la catástrofe

El Gran Recapte tiene varios detractores. La crítica, como ocurre con quien cuestiona la pervivencia de la Marató, es que vivimos en un Estado que debería tener como misión hacerse cargo de las circunstancias extremas o de las inversiones económicas que reclama la investigación en salud. Se hace un llamamiento, dicen, a la solidaridad individual, al altruismo que calma conciencias, a partir de un mensaje que, en el caso del Gran Recapte, se acerca mucho a la caridad. Es decir: soluciones asistenciales contingentes para problemas sociales a los que se debería hacer frente a través de los presupuestos.

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No lo voy a negar. Las colectas para el Banc dels Aliments quizá tienen un aire de conmiseración que choca con los principios del Estado del bienestar. Pero se consiguen, de media, unos 4,5 millones de kilos, que son una cuarta parte de lo que se reparte en todo un año. Y van a una entidad que, en estos momentos de emergencia crítica, debe canalizar más ayudas que nunca con muchos menos medios que los habituales. No digan caridad o limosna; llámenle socorro, refugio, abrigo y resguardo para tiempos cercanos a la catástrofe, limítrofes con el hambre descarnada. Poca broma.