24 nov 2020

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Al contrataque

Pedro Sánchez y los vicepresidentes Carmen Calvo y Pablo Iglesias, al inicio del pleno del Congreso del pasado 11 de noviembre, en la primera jornada del debate de totalidad de los Presupuestos de 2021. 

BALLESTEROS (EFE)

El apoyo de Bildu

Cristina Pardo

Si Pedro Sánchez dijo que nunca pactaría nada con la izquierda aberzale, debería cumplir

El anuncio de Bildu sobre su predisposición a apoyar los Presupuestos ha dado lugar a un aparatoso terremoto político. El PSOE dice ahora, después de varios días de polémica, que no se ha cerrado pacto alguno. Si eso fuera así, llama la atención la capacidad de la izquierda aberzale para desestabilizar la política española con un apoyo, según dicen los socialistas, gratis total.

Para mí, cualquier posibilidad de cerrar acuerdos con Bildu es debatible. Es decir, entiendo que hay argumentos muy poderosos para no querer ver a Otegi ni en pintura y también pienso que se puede defender aquello de que si son un partido legal, tienen que participar de nuestra vida política. Sin embargo, hay otras dos cosas que no me parecen discutibles. Una es la mentira. Si Pedro Sánchez dijo que nunca pactaría nada con Bildu, debería cumplir. Nunca es tarde para recuperar la importancia de la palabra dada, tan devaluada en este momento de nuestras vidas.

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Y la segunda es la inconveniencia de presumir de un acuerdo con la izquierda aberzale por parte del vicepresidente Pablo Iglesias, sabiendo las turbulencias que eso va a provocar en el propio Gobierno de coalición. Decir que con el 'sí' de Otegi “el bloque de investidura se refuerza y será de dirección de Estado”, me parece mucho decir. Sobre todo si a la misma hora el diputado vasco Arkaitz Rodríguez afirma en el Parlamento autonómico eso de “nosotros vamos a Madrid a tumbar al régimen”. El régimen es Sánchez, pero también Iglesias. Conviene no olvidarlo.

Parece un acuerdo un poco precario y no sé si demasiado rentable. El líder de Unidas Podemos, con esas declaraciones, daña a las víctimas del terrorismo, provoca a sus socios de Gobierno, divide al PSOE y trata de expulsar a Ciudadanos de la negociación de Presupuestos, frente a los titubeos de los socialistas. Parece que ha marcado gol. Por otra parte, la estrategia de Arrimadas también daña al presidente: no podrá decir que no tuvo alternativa y agudiza la fractura con los barones. Ya pueden ser buenos los Presupuestos, para que a Sánchez le compense todo este follón.