Vecina de Poble Sec

Paseo nocturno

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La avenida de Maria Cristina, en Barcelona, el pasado 2 de noviembre por la noche.

La avenida de Maria Cristina, en Barcelona, el pasado 2 de noviembre por la noche. / DAVID ZORRAKINO (EUROPA PRESS)

Hasta hace unas semanas, el Poble Sec por la noche era un eslalon de mesas llenas de gente, de pinchos y de bebidas en la calle de Blai, en la plaza del Sortidor y en la de Navas; ahora, desde que los bares ya no están y todo lo que nos queda es el toque de ídem, el ambiente de noche del barrio se concentra en los bancos de las plazas y en los del paseo de la Exposició.

Quienes tenemos perro dejamos el último paseo de la jornada para ese ratito de antes de las diez, cuando ya está demasiado oscuro para aventurarnos Montuïc arriba. El paseo de la Exposició marca entonces, más que en cualquier otro momento del día, dónde acaba la ciudad y empieza la montaña. El Teatre Grec, la Satalia, la Fundació Miró y otros museos, los parques, el Poble Espanyol, el castillo (por supuesto) y la monstruosidad aquella olímpica de metros y metros cuadrados de hormigón parecen entonces más de cartón piedra que nunca: como si vivieran solo cuando hay luz y, sobre todo, gente que los mire.

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Es un ritmo bien extraño el que hay estos días allá donde (y cuando) la ciudad se interrumpe. Se ve que todo el mundo ha salido por salir, para no hacer nada, para matar simplemente los últimos minutos de permiso de después de cenar y antes de irse a dormir; como si les supiera mal malgastarlos delante de la tele y hubiera decidido malgastarlos de pie. Quien pasea el perro, simplemente lo pasea; quien corre en chándal tampoco va a ninguna parte. No pasan coches ni motos y quien está sentado en un banco, solo pasa el rato. Nadie queda con nadie a esas horas ya, ni nadie tiene prisa para llegar a ningún lado, ni siquiera a su casa: todo el mundo vive a cinco minutos de donde está y cuenta con este margen de tiempo para utilizarlo como excusa si algún policía les da el alto pasadas las diez, cosa que tampoco he visto que pasara ninguna vez.

Nos hemos vuelto un poco zombis los vecinos del Poble Sec estas últimas semanas a esas horas de la noche. Y casi cuesta de imaginar el día que todo vuelva a la 'normalidad'.

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