24 nov 2020

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ANÀLISIS

Josep Maria Bartomeu y su junta en el palco del Camp Nou, en el último clásico ante el Real Madrid, con su presidente Florentino Pérez.

andreu dalmau (efe)

A la caza del directivo

Sònia Gelmà

Se busca socio del Barça y en situación acomodada que quiera avalar, poner en juego su patrimonio, saber poco y mandar nada

Si usted es socio del Barça y se encuentra en situación acomodada, vigile al salir de casa. Con la fecha de las elecciones fijada, los precandidatos miran de cerrar sus listas de directivos, algunas ya muy avanzadas, otras no tanto. La veda está abierta, es temporada de caza y más cazadores que nunca. Se busca directivo que quiera avalar, poner en juego su patrimonio, saber poco y mandar nada.

Si además de todas esas condiciones, usted es mujer y le apetece formar parte de una junta, entonces es una pieza muy codiciada

Si además de todas esas condiciones, usted es mujer y le apetece formar parte de una junta, entonces es una pieza muy codiciada. Dicen que ellas son más difíciles de encontrar. Primero porque son minoría, una cuarta parte de la masa social, y segundo, porque en esta sociedad el poder lo ostentan ellos, con lo cual, el mercado de posibles directivas aún se reduce más. Pero es que además, por las razones que sean, sentarse en el palco del Camp Nou les suele parecer menos atractivo que a ellos. En cualquier caso, siempre que usted no quiera encabezar una candidatura -¿una mujer liderando una lista? ¿estamos locos?- sólo tiene que levantar la mano, serán varios los que se pelearán por usted. Porque para parecer mínimamente modernos es necesario disfrazar la fotografía del equipo con tres o cuatro mujeres, lo necesario para cubrir el expediente.

Ahora es el momento de la ilusión, ese momento en que los precandidatos les explicarán su proyecto, les invitarán a unirse a él porque van a poder hacer muchas cosas juntos para mejorar este Barça. Si su campo es el económico, se van a imaginar arreglando los números, si en cambio llevan un entrenador dentro –quién no- se imaginarán aportando su idea para fichajes, o negociando por ellos.

Pero alguien les debería avisar. A no ser que sean de la máxima confianza del elegido presidente, no van a tener voz ni tampoco voto. Las primeras reuniones quizás disimulen, pero a medida que el mandato avanza, la junta está cada vez menos informada, para evitar filtraciones. Y el club lo acaba llevando el presidente con su corte de ejecutivos de confianza.

Ser un número

No es nada nuevo, ya lo dijo Jaume Ferrer en el primer mandato de Laporta, que se sentía un número. Y ahora más recientemente hemos oído al precandidato Xavi Vilajoana y en las últimas horas al exdirectivo Javier Bordas, ambos lamentando que no se les hiciera caso. Ambos asegurando que no estaban informados de la mayoría de decisiones de su área, la deportiva. Les dirán que mejor influir desde dentro que no poder hacer nada desde fuera, pero recuerden que ponen en juego su patrimonio y su reputación para luego enterarse del Barçagate por los medios. ¿Por qué siguen ahí sentados cuando no se les tiene en cuenta, cada uno tendrá sus razones?  

Y sí, se van a poder sentar en el palco, y podrán lucir su tarjeta de directivos. Cuando sus amigos les pregunten por interioridades del vestuario, de los jugadores, lo que todo el mundo quiere saber, van a tener que hacerse los interesantes. Porque en realidad van a saber poca cosa. Podrán viajar en sus aviones, y eso es algo que ya nadie hace, ni aficionados ni periodistas, pero los jugadores ni van a saber su nombre ni les va a importar. Esperar que el presidente les informe cuando vaya a destituir al entrenador, ya es demasiado. Se enterarán por la prensa, como todo hijo de vecino. A cambio, eso sí, su patrimonio puede estar en juego en cualquier momento.

Esa es la realidad que nadie explica. Lo mismo pasa en el Madrid, pero allí al menos, nadie les engaña ¿O creen que algún directivo de Florentino pensó que les dejaría opinar? Y aún así, y pese a todo, las listas se acaban llenando, gente que siempre ha querido ser directiva del Barça. Cosas veredes.