Clientelismo y tráfico de influencias

La conversación entre Madí y Rahola es el ejemplo de la lucha por el poder en TV-3

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David Madí, en el centro, llega a su despacho para presenciar el registro, el pasado día 28 de octubre.

David Madí, en el centro, llega a su despacho para presenciar el registro, el pasado día 28 de octubre. / FERRAN NADEU

La 'operación Volhov' contiene al menos cuatro líneas de investigación que se corresponden con los presuntos delitos de que se acusa a los 21 detenidos. Aunque los medios independentistas han centrado la operación en la trama rusa y en las fantasmadas de Víctor Terradellas –los 10.000 soldados rusos que habría ofrecido el Kremlin--, este aspecto solo es la coartada que ha servido para reírse de la actuación policial y judicial y para tapar el resto. El intento de pedir ayuda a Rusia durante el ‘procés’ existió, como documentó en este diario Marc Marginedas, pero quedó reducido a una fabulación.

Lo verdaderamente importante de la operación son las sospechas de que con la desviación de dinero público –a través de las subvenciones al deporte— pudo financiarse el ‘procés’, una cuestión que merece una investigación rigurosa porque nadie se cree que todo el aparato de Waterloo y las múltiples iniciativas del independentismo se sufraguen con la voluntad de la gente o solo con aportaciones privadas. También tiene relevancia desentrañar quién estaba detrás de la misteriosa organización Tsunami Democràtic, que desapareció tan súbitamente como había aparecido tras causar acciones violentas para protestar por la sentencia del Tribunal Supremo.

Pero lo más escandaloso son las maniobras de David Madí Xavier Vendrell, dos de los implicados, expertos en el tráfico de influencias, que ahora, por lo visto, se llama “hacer reflexiones”, en palabras del ‘exconseller’ de ERC. Vendrell puede negar lo evidente y asegurar que no hay ningún delito en sus actuaciones –eso está por ver--, pero sus manejos con la ‘consellera’ de Salut, Alba Vergés, sobre un concurso para obtener un contrato sanitario o sus presiones para conseguir una recalificación de terrenos en Cabrera de Mar, con llamadas a cuatro ‘consellers’ –Salut, Ensenyament, Afers Socials y Territori--, saltándose normas y reglamentos, son muy poco edificantes. Tan poco como su lenguaje: “Con todo lo que yo he hecho por este país sin pedir nada a cambio y me están tocando los cojones”, “como me hinchen mucho los huevos les enviaré a un colombiano”, entre otras lindezas.

El conseguidor

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El conseguidor máximo, sin embargo, es David Madí, que prueba todas las salsas: Conselleria d’Interior –se jacta de ordenarle al nuevo ‘conseller’ Miquel Sàmper que no haga nada hasta que se lo diga él-- y TV-3, por ejemplo. La conversación difundida entre Madí y Pilar Rahola, que le pide ayuda y consejo para que no le supriman una de sus tres intervenciones semanales en TV-3, es una demostración palmaria de la lucha por el poder en la televisión autonómica entre JxCat y ERC, a la que ambos acusan de controlar la cadena. Una conversación no entre una periodista y un exalto cargo de Artur Mas, sino entre dos militantes de una causa que además se preocupan por sus negocios particulares. También es un ejemplo de la batalla entre los dos grandes partidos independentistas e incluso en el interior de JxCat.

Todo el clientelismo y el tráfico de influencias que ha salido a la luz sospechábamos que existía, pero ahora ya lo sabemos.