ANÁLISIS

El secuestro de TV-3

Tomar una cadena financiada con el presupuesto público y convertirla en agente de adoctrinamiento ideológico es un modo como otro de malversar fondos públicos

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El secuestro de TV-3

La Tierra gira sobre su eje en el ecuador a una velocidad de 1.670 kilómetros por hora. Esto es lo que establecen las leyes de la geofísica. La política las desmiente a menudo dictando velocidades de rotación muy distintas.

Esta semana, por ejemplo: los estadounidenses han echado a la calle a su presidente más estrambótico, un peligroso embrión antidemocrático, es decir, autoritario; la Internacional Populista pierde a su bocazas principal, lo cual no significa una derrota irreparable (bocazas, sí: podía haber escrito faro, habría sido más delicado pero menos preciso); el combate contra la emergencia climática global se deshace de un enemigo tan correoso como irracional; renace la esperanza de un cierto reequilibrio en la desquiciada política internacional ‘trumpista’; Europa encaja los golpes de una nueva ola de terrorismo islamista; el Gobierno español consigue vía libre para los primeros Presupuestos desde el año 2018 y, merced a la ley de los vasos comunicantes, la Generalitat logra blindar su política lingüística escolar; las investigaciones sobre Juan Carlos I se agolpan en la Fiscalía Anticorrupción…

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Esta semana la política ha dispuesto que la Tierra rote a mayor velocidad que la que consignan los físicos. ¿Seguro que es así? Según dónde se ponga el foco. Hay asuntos en los que la Tierra parece que ni rote ni orbite: una esfera congelada en un universo inerte. Algo de esto se desprende de la investigación judicial sobre el ‘estado mayor’ de Puigdemont. Hay cosas que no cambian nunca, como el uso y la excitación de las emociones colectivas en pos de rentas particulares.

Las conversaciones grabadas en las que se trafica con el control político de TV-3, las ambiciones, remuneraciones y contrataciones de los profetas del ‘procés’, producen una vergüenza periodística y una alarma social sangrantes. Tomar una cadena financiada con el presupuesto público, impedirle dar un servicio informativo plural e independiente y convertirla en agente de adoctrinamiento ideológico es un modo como otro de malversar fondos públicos. Un secuestro. Aquí, la Tierra no se ha movido en años.