LA RUTINA DE LA PANDEMIA

El día de la marmota

Todo es repetido y aburrido en tiempos de coronavirus, como un eterno domingo sin nada que hacer

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La plaza Reial de Barcelona, desierta durante el confinamiento por el coronavirus.

La plaza Reial de Barcelona, desierta durante el confinamiento por el coronavirus. / Jordi Cotrina

Escribir columnas de opinión en tiempos de coronavirus sin repetirse no es tarea fácil, créanme. Vivimos en un eterno domingo muy aburrido y sin nada que hacer. Un domingo de esos en que nadie te llama, no tienes comida en la nevera y no paran de repetir lo mismo en la tele. Las noticias en la prensa y la radio son cada día las mismas y cuando pasa algo, ni que sea malo, te alegras por aquello de la diversidad. Es como cuando comes una hamburguesa mala del McDonalds una vez al año. Hasta la disfrutas. Luego, tienes ganas de devolverla al mar, pero ya te la has comido. Eso mismo nos pasa a todos ahora. Cualquier cosa que no sea covid-19 ya nos apetece. Yo esta semana tengo una mamografía y estoy súper ansiosa. Podré coger el coche, ir a la parte alta de la ciudad, igual hasta tomar un café en el bar de la clínica. ¡Qué emocionante! Es triste, pero vivimos así ahora.

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El otro día, me dio por ir al cementerio de Montjuïc a visitar a mis abuelos. No los encontré. Pero oye, la aventura no me la quita nadie. A lo tonto, pasé medio domingo. Y de eso se trata ahora, de rellenar horas. De tener a dónde ir sin quedar con nadie. A unos les da por robar bicicletas, a otros por practicar cíbersexo, y algunos frikis nos conformamos con bajar al bar a por un carajillo. Yo me lo tomo sentada en el portal y me sienta la mar de bien. Tengo una terracita muy grande en casa, pero lo que os cuento, para variar un poco. Otra cosa que podemos hacer es pillar una bici y darnos una vuelta por el centro de la ciudad. Es bonito porque no hay turistas, pero también un riesgo, porque los ladrones están sedientos sin guiris. Son como vampiros esperando el momento ideal para atacar. Hartos de series y televisión, empieza una nueva era de semiconfinamiento muy aburrida. Vamos del trabajo a casa. Me siento como una hormiga obrera sin más sentido en mi vida. Como el robot de la película ‘Wall.e’. Película que, si no han visto, ya tardan. Porque así acabaremos, viviendo en una burbuja en el ciberespacio sin dejar de trabajar. Eso, los que tenemos suerte.

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