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Pequeños grandes sirvientes

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Aceitera Marquina.

Aceitera Marquina.

Durante un día cualquiera podemos llegar a usar hasta 500 objetos. Los he contado. Desde la cama, siguiendo por el despertador, interruptor, grifo, ropa, taza, llave, móvil… hasta volver por la noche, sartén, plato, sofá, tele, cepillo de dientes y acurrucarte en la almohada. Varios millones al final de una vida.

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'The Design Book' (editorial Phaidon) es un diccionario que cataloga los 500 objetos más relevantes de la historia del diseño. Arranca con unas tijeras niponas de 1663 y acaba con el patinete eléctrico Bird Zero. Al repasarlo, uno se da cuenta de la doble influencia del diseño en nuestra vida. Por un lado el aporte de belleza. Nos lo transmite el grácil mobiliario en tubo de Breuer o la sensual silla de plástico de Panton. Pero por otro lado, multitud de pequeños objetos que han estado dándonos servicio de forma humilde: el clip, la pinza de la ropa –de origen Shaker–, la llave inglesa, el cúter... Alguno nos ha facilitado enormemente la vida, como la anilla abrefácil de las latas, la cremallera o el post-it. Y vemos con añoranza cómo otros han ido despareciendo, como el quinqué, el CD o el Rodolex donde anotábamos las direcciones. En Japón hacen una ceremonia para despedir a los objetos obsoletos, como si fuesen mascotas. La mayoría de estos pequeños grandes objetos son anónimos, pero no cayeron del cielo. Detrás hubo siempre alguien curioso, hábil y esforzado. 

Entre la selección hay ocho productos españoles, en justicia tocarían muchos más. Está por supuesto la silla de Gaudí y lámparas de Miguel Milà. Pero también la mejor aceitera del mundo, la Marquina, creada en 1961 y que ha ido invadiendo el mercado mundial por ser casi perfecta, es decir difícilmente mejorable, como un anzuelo, impertérrito desde hace siglos. Y el producto español más reciente un casco plegable, Closca, un ingenioso artefacto diseñado por CuldeSac, que nos protege de accidentes. El poeta Alphonse de Lamartine se preguntaba “objetos inanimados, ¿tenéis alma?”. ¡Muchas gracias, cosas!

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