01 dic 2020

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CIENCIA

Regando el talento

MONRA

Regando el talento

Manel Esteller

La formación y consolidación de la siguiente generación de científicos exige una apuesta decidida a nivel académico, político y empresarial

Una de mis preocupaciones es la de ayudar a formar y consolidar la siguiente generación de científicos. Retos como la obtención de energía limpia a costes asumibles, los viajes espaciales o enfermedades complejas como el cáncer o el alzhéimer no serán solucionados plenamente por mis compañeros de clase y graduación. Necesitaremos talento joven con nuevas ideas y formas distintas de enfrentarse a los problemas, usando además tecnología rompedora y altamente sofisticada.

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Cuando uno estudiaba un gen con un método experimental laborioso, usando gramos de un tejido, y compara con las metodologías que permiten analizar miles de genes de una célula única en la actualidad, más claro veo la necesidad de invertir en la nueva hornada de científicos. Las semillas de los mismos no crecerán en tiestos de tierra seca y contaminada, sino que necesitan una base fértil que permita desarrollar su creatividad y recompensar su trabajo con la estabilidad personal y laboral del día a día. Es decir, necesitamos buenas y varias regadoras para hacer florecer ese árbol del conocimiento, como diría Pío Baroja.

Soy extremadamente favorable a la exportación de nuestro talento y a la formación internacional de nuestros investigadores, pero, de vez en cuando, me gustaría que existiera la posibilidad de que aquellos que lo deseen y tengan un buen currículo puedan volver con condiciones dignas. El programa Ramón y Cajal del Estado, así como iniciativas privadas como las de la Fundación La Caixa son buenas opciones, pero quizá el plan que ha funcionado mejor para atraer talento es el sistema ICREA en Catalunya. Sus investigadores son los que más financiación europea competitiva de las convocatorias del Consejo Europeo de Investigación (ERC por sus siglas en inglés) atraen. Quizá un detalle a mejorar sería la recuperación de los llamados ICREA Junior, que permitieron la incorporación de jovencísimos investigadores que después se han convertido en científicos contrastados en los mejores centros del país.

Un sueldo y nada más

Un error que a veces ocurre es que se ofrece al investigador que reside en el extranjero su sueldo y nada más. El científico brillante, afortunadamente por su propia idiosincracia, no cogerá ese salario y se sentará a calentar la silla nada más, como aún sucede en cierto tipo de instituciones. El peligro es que podría hacerlo si no encuentra el entorno adecuado. Una forma de solucionarlo es los llamados 'starting packages', que le facilitan durante un periodo de tres o cinco años un apoyo económico para gastar en experimentos o contratar personal para que le ayude en los mismos. Pero también sería muy importantes que estos investigadores que han hecho la apuesta arriesgada de volver tuvieran siempre una financiación fija de base sujeta a evaluación periódica. De esta forma también nos evitaríamos que estos prometedores profesionales se pasen más de la mitad de su tiempo pidiendo becas y proyectos en vez de estar investigando. La puesta en marcha de ayudas para encontrar vivienda y escolarizar a los hijos, especialmente para los que se expresan en lenguas extranjeras, sería otra magnífica iniciativa. Y que, por una vez, la burocracia no devorara sus horas, como hacían los hombres del traje gris en la novela ‘Momo’ de Michael Ende.

Una de las cuestiones clave es cómo conseguir las descritas buenas y varias regadoras a las que me refería anteriormente. Existen varias soluciones, y ojalá un gestor político y económico lea esto mientras se toma el cruasán y el café con leche esta mañana. Una sería la necesaria aprobación y aplicación generosa de una ley de mecenazgo que recompense fiscalmente a los donantes de la ciencia. Quizá de esta forma habría menos dinero en Suiza y más en los laboratorios.

Transferencia de conocimiento

Una segunda sería facilitar la transferencia de conocimiento a la empresa y al producto comercial. En nuestro entorno, la creación de una empresa aun representa un engorro considerable, faltan “business angels” que pongan sus dividendos en estas posibles aventuras empresariales y los centros de investigación necesitan profesionales flexibles que busquen activamente oportunidades de negocio. Y el investigador tiene que hacer compatible el descubrimiento con su posible explotación económica. No es casualidad que los grandes centros de investigación extranjeros tengan situados al lado grandes compañías o que ocupen el mismo edificio en plantas distintas. La comunicación y los vasos comunicantes entre científicos y agentes económicos son clave para cambiar los modelos productivos de un país.

Una tercera pata sería que los cuadros políticos tuvieran cierta formación científica. Creo sinceramente que esto les haría ser más sensibles a las necesidades de la ciencia y la imperiosa necesidad de cuidarla. Finalmente, la nueva savia de jóvenes científicos deberían encontrarse un país donde los Presupuestos votados por sus representantes apuesten por la investigación. Y la sociedad debe exigir a estos últimos que así sea por el bien de todos. Cuídense.