27 nov 2020

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INVESTIGACIÓN JUDICIAL

Puigdemont, en un mitin independentista en Perpinyà, el 29 de febrero del 2020.

EFE / DAVID BORRAT

El teléfono rojo de Puigdemont

Luis Mauri

La médula de la investigación del 'estado mayor' del 'expresident' no pasa por la gélida estepa rusa, sino por la corrupción en la soleada Catalunya. Las cuentas, no la literatura, decidirán

Diez mil soldados rusos cavan trincheras en la ribera norte del Sènia, en el flanco oriental de la franja de Aragón y en la vertiente sur de los Pirineos. El manto protector del Kremlin se extiende sobre la República Eterna de Catalunya. Ecos de Eugenio y de Terry Southern. Una breve pausa para sonreírse o sollozar, según el ánimo.

La efervescente literatura del juez que investiga las actividades presuntamente delictivas del estado mayor de Carles Puigdemont raya el autogol. La imagen de una intervención militar rusa en el corazón de la UE en el 2017, por más que proceda de la grabación de un imputado, es alimento para la desconfianza que engendraron las aberraciones de la policía patriótica del PP. Factor de recelo o de distracción del núcleo de la investigación.

La intervención rusa en el conflicto catalán no es ningún secreto, pero no pasa por las baterías de misiles S-400, sino por la guerra de desinformación. Tampoco tiene que ver estrictamente con la liza catalana: la independencia no tiene mayor interés para el Kremlin que su potencial desestabilizador de la UE, como el brexitEscociaSalvini en Italia o Le Pen en Francia

Este es el marco de las aventuras rusas de uno de los imputados, Víctor Terradellas. En el 2017, pidió a Serguéi Markov, un hombre del Kremlin, el reconocimiento de Moscú a la independencia de Catalunya. A cambio, ofrecía la ruptura de la Generalitat con la política de la UE y el apoyo a Rusia en Ucrania. El propio Markov confirmó al colega Marc Marginedas, corresponsal en Moscú, que había recibido a Terradellas en tres ocasiones.

Un peón ruso

En noviembre del 2019, el ultranacionalista ruso Vladímir Zhirinovski ofreció a Puigdemont asilo para evitar el riesgo de ser extraditado a España: otra exclusiva de Marginedas. El fundador de Wikileaks, Julian Assange, peón ruso en la cibercampaña contra Hillary Clinton, fue también un activo propagandista del ‘procés’. Otro de los ahora imputados, Oriol Soler fue enlace independentista con Assange en el 2017.

Con todo, la médula de la investigación judicial no pasa por la gélida estepa rusa, sino por la corrupción en la soleada Catalunya. Las cuentas, no la literatura, decidirán.