02 dic 2020

Ir a contenido

al contado

El ’conseller’ de Políticas Digitales y Administración Pública, Jordi Puigneró, ante los retratos de Torra y Puigdemont.

EFE

El Govern (o parte del mismo) está en la luna

Agustí Sala

El plan para una red propia de satélites puede ser ambicioso, pero quizás hoy, en plena pandemia, resulta inoportuno

La urgencia no puede frenar lo que es necesario o importante de cara al futuro. Es necesario combatir la crisis actual pero también poner los cimientos para la transformación del sistema productivo, la transición ecológica o la digitalización.

Como otros Ejecutivos, el Govern está en esa línea. O una parte del mismo. Pero algunos quizás son demasiado entusiastas, como el 'conseller' de Polítiques Digitals i Administracions Públiques, Jordi Puigneró, puigdemontista del universo posconvergente y cerebro de la "república digital catalana", que ha creado un programa de lanzamiento de nanosatélites con una dotación presupuestaria de 18 millones hasta el 2023. Sería equipabable, salvando las distancias, a una NASA a la catalana.

No es que hacer planes para el futuro o destinar recursos a una red de telecomunicaciones, pasando de la desconexión con España en la tierra al espacio exterior propio, sea algo inútil, ya que es importante desarrollar una industria aeroespacial. Pero quizás actualmente, en plena pandemia, no es el momento más adecuado para destinar muchos fondos públicos a inciativas de este tipo ¿Tan urgente es contar con una red propia de telecomunicaciones? 

Dudo que la iniciativa, que para Puigneró es totalmente legal, aunque está por ver lque lo sea para otras autoridades, como las de inteligencia, cuente con un apoyo cerrado de todo el Govern. Pero ya sabemos que no hay uno sino dos o más Ejecutivos y dos o más visiones del independentismo y el soberanismo, desde el pragmatismo al unilateralismo.

Y una muestra es, bajando a la tierra, la pugna entre los socios de JxCat y ERC en el Govern (últimamente cualquier cuestión es motivo de disputa), que se ha desatado esta semana a propósito del teletrabajo. Lejos de aclarar la estrategia, unos y otros se enfrascaron en una polémica pública y desconcertante sobre si el trabajo a distancia puede ser decretado o no como obligatorio por el Ejecutivo catalán. Tras la discrepancia de puertas a fuera se zanjó la cuestión con medidas encaminadas a tratar de forzarlo. Poco más.

Con las elecciones autonómicas previstas para el 14-F, el día de San Valentín (curiosa casualidad al ser un símbolo del amor y la afectividad) provoca estupor pensar que nos enfrentemos a un largo periodo de interinidad y antagonismo en el Govern en plena crisis sanitaria, económica y social.

Dado que, además la pandemia amenaza con provocar un retraso de la convocatoria de los comicios, resulta exigible que los miembros del Ejecutivo catalán firmen la paz. O que la simulen. Y que actúen contra el virus, lo más urgente, sin abadonar la mirada a medio y largo plazo. Pero deben dejar de estar en órbita o en la luna, al menos algunos ellos.