26 nov 2020

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LA LACRA DEL MACHISMO

Una de las tres víctimas de violencia machista que han explicado su dura experiencia a este diario.

Pau Marti

Reparación

Jenn Díaz

La violencia machista, por mucho que la perpetúe una sola persona, no es individual ni privada, y su reparación debe ser comunitaria

Durante siglos, las violencias estructurales han sido cuestiones individuales, privadas. Si daban el salto a la esfera pública, automáticamente se trataba desde el morbo y la curiosidad, no como una responsabilidad compartida. Las violencias machistas eran privadas y, por tanto, la reparación y los procesos posteriores no nos interpelaban. Como una especie de duelo, cada una tiene su manera de repararse y, como siempre, como siempre en todos los aspectos de la vida, tu reparación depende también de tu renta. Si tienes o no tienes entorno. Si este entorno tiene suficiente sensibilidad, formación o interés en acompañarte. Si tienes o no tienes recursos para hacer una terapia. Si tienes o no tienes independencia económica de aquel que ejerce esta violencia contra ti.

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La violencia, sin embargo, por mucho que la perpetúe una sola persona, y sea una persona –su entorno– quien la padezca, no es individual y no es privada. Por eso la reparación, la gran desconocida, la gran escondida, es una cuestión social, también. La comunidad debe entender que la violencia, el impacto de esta violencia en la sociedad y el itinerario para salir de ella son de interés colectivo. La reparación no puede ser solo una construcción individual, porque dependerá en todo momento de las capacidades personales que tengas, y con demasiada frecuencia estas capacidades personales están íntimamente relacionadas con el extracto social al que perteneces.

La reparación de las violencias –violencias autorizadas por el sistema– no puede ser un privilegio. Hasta ahora ha sido así. Si te puedes permitir una reparación sana y profesional, si te puedes permitir una reparación acompañada y específica, serás afortunada. Que a cualquiera de nosotras nos agredan –física, sexualmente, psicológicamente, lo mismo– y que mutemos a supervivientes por los recursos que tenemos al alcance no socializa el problema ni la solución. Lo mantiene a la esfera privada y privatiza, por tanto, el dolor y el silencio.

Las violencias son estructurales, por tanto las reparaciones deben ser comunitarias. Eso quiere decir que además de repararme yo de forma individual, necesitamos mensajes claros, ejemplificadores, que nos reparen en términos más amplios a todas. El silencio no puede estar siempre del mismo lado.