VECINA DE SANTS-MONTJUÏC

... y la Buenos Aires en la de todos

Este proyecto comunitario hace más de un año que da vida y esperanza a Vallvidrera, a través de los vínculos, los cuidados y la cooperación

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Actuación policial para desalojar la Casa Buenos Aires.

Actuación policial para desalojar la Casa Buenos Aires. / @labuenosaires__

La Hamsa, la Fresca, la Morada, la Esbarzer, la Mala Herba, el Tajo, la Farga, el Bloque, la Quinkalla, la Breva, la Tatxa, el bloque del Rector Triadó y el de la Bordeta, Can Vies. Todos estos nombres forman parte de la historia de Sants, porque son casas o centros sociales okupados que acogieron (y algunos todavía acogen) personas, proyectos, inquietudes y vidas diversas y periféricas, sueños sembrados con las semillas de la autogestión, el vecindario y el apoyo mutuo. Espacios en los que muchas generaciones del barrio han crecido, se han (trans)formado y han aprendido juntas: a compartir, a mancomunar, a luchar y a defenderse de la ignominia construida a golpes de titular y noticias parciales e interesadas en defenestrar no solo una manera de vivir y entender la ciudad, sino también a toda esa disidencia que se atreva a cuestionar el estado de las cosas. ¿Y cuál es el estado de las cosas? Así, muy por encima, unos datos: vivimos en una ciudad en la que cuatro de cada 10 familias destinan el 50% de su sueldo a cubrir los gastos de vivienda, en una ciudad en la que la tasa de pobreza se eleva casi al 20% y en una ciudad en la que los niveles de paro sobrepasan el 10%.

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Sumemos una pandemia que decían que no entendía de clases, de género o de color de piel, pero -¡sorpresa!- sí que entiende, sí, sobre todo de desahucios y desalojos. Sin ir más lejos, esta semana los Mossos d’Esquadra se presentaban en Vallvidrera para desalojar, con la violencia y la soberbia a la que nos tienen acostumbrados, la casa Buenos Airesun proyecto comunitario que hace más de un año que da vida y esperanza a este barrio de montaña. En los desalojos, señores de arriba (sí, la congregación Pares Paüls, vosotros también), siempre cometéis el mismo error: os pensáis que con el desalojo de los espacios también chafáis sueños y vidas, pero solo los hacéis crecer. Vosotros ocupáis el espacio con violencia por sed de acumulación, otros se convierten en territorio a través de los vínculos, los cuidados y la cooperación. Cada uno en su casa, dicen. Y el ejemplo de la Buenos Aires en la de todos, digo yo.