02 dic 2020

Ir a contenido

ANÁLISIS

La ministra de Hacienda, María Jesús Montero, en rueda de prensa en el Congreso para presentar el proyecto de Presupuestos del 2021.

EFE / Emilio Naranjo

El virus no sabe de presupuestos

Jordi Alberich

El proyecto nace obsoleto, pues si en épocas normales las cuentas ya no cuadraban, mucho menos en plena pandemia.

En el proyecto de Presupuestos del Estado para 2021, anunciado anteayer por el Consejo de Ministros, coinciden la dinámica global a favor de un incremento extraordinario del gasto público, con la vocación natural de un gobierno de coalición PSOE-Podemos. Una circunstancia única, pese a la enorme complejidad del momento, para proponer unos presupuestos coherentes con la ideología más propia de una coalición de izquierdas. Así, han sido recibidos con actitudes muy diferentes por unos u otros. Particularmente, destacaría tres aspectos del proyecto.

En primer lugar, la certeza de un gasto que se incrementa en un 33% respecto al del año anterior como consecuencia, en buena medida, de los más de 27.000 millones de euros de los fondos europeos. Con ello se pretende, de una parte, consolidar el colchón social beneficiando partidas como sanidad, educación, dependencia, desempleo o pensiones. De otra, atendiendo a las exigencias de la Comisión Europea para activar el fondo 'nextgeneration', se refuerzan aquellos ámbitos que, en mayor medida, pueden favorecer la transición verde y el estimular la productividad de nuestra economía, como infraestructuras, innovación o digitalización

Entretodos

Publica una carta del lector

Escribe un post para publicar en la edición impresa y en la web

En segundo, las buenas intenciones cargadas de impotencia que anidan tras algunas de las propuestas estrella, como la subida de impuestos y la regulación de los precios de alquiler. Se insiste en que con los mayores tipos en algunos tributos se grava a los ricos, pero a la vista de lo que se prevé ingresar de más, se evidencia nuevamente que aquellos que más tienen se las ingenian para eludir impuestos como renta, patrimonio o sucesiones. Y así seguirá siendo mientras no se dé una verdadera armonización impositiva en la Unión Europea que, de momento, ni se atisba. Acerca de la pretensión delimitar los precios de alquiler, en el marco de la nueva ley de la vivienda, la iniciativa está abocada a generar un enorme ruido para, finalmente, no conducir a nada. El gravísimo problema de vivienda, que venimos arrastrando de hace décadas, no se soluciona de manera tan simple e inmediata.

Finalmente, la duda de que el virus respete los presupuestos. Tanto la partida de ingresos, soportada en el supuesto de una notable recuperación de la economía, como la de gasto, que no contempla nuevos escenarios de parada económica, van a depender de la evolución de una pandemia que se agrava de manera acelerada. Así, en las escasas cuarenta y ocho horas transcurridas desde el anuncio del Consejo de Ministros, se confirma que el rebrote es de una gravedad ya indiscutible, y que sus duras consecuencias sobre la actividad económica no se harán esperar.

Asumamos, pues, que el presupuesto nace obsoleto, pues si en épocas normales las cuentas ya no cuadraban, mucho menos en plena pandemia. Así las cosas, la cuestión ya no es tanto la cuadratura del presupuesto, cómo el disponer de los estímulos necesarios para afrontar la sacudida que se nos viene encima. No estaría mal empezar a contemplar el nuevo escenario.