29 nov 2020

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MIRADOR

Aragonès escucha a Von der Leyen en la cumbre autonómica telemática del 26 de octubre. 

EFE / EPA

El día que Von der Leyen fue figurante de ERC

Luis Mauri

El aventurerismo del 'procés' nunca halló en Europa el cobijo del que presumía. El 1-O se vio. La labor posterior de Exteriores cristaliza ahora de forma textual en la Comisión de Venecia: rechazo a los referéndums inconstitucionales

Alegría, tristeza, dolor, excitación, duda, picardía, rechazo, asentimiento, invitación sexual… Más de 30 músculos de la cara se encargan de componer un sinfín de expresiones faciales. Ursula Von der Leyen no movió ni uno solo de ellos al escuchar a Pere Aragonès entonar la canción del referéndum. Menos aún movió la lengua. Esfinge germánica.

El presidente de la Generalitat en funciones aprovechó la asistencia de la líder de la UE a la cumbre autonómica sobre los fondos europeos de reconstrucción para reclamar un referéndum de autodeterminación. Von der Leyen ni siquiera acusó recibo. Pero eso era lo de menos. Tampoco importaba el nuevo portazo del Consejo de Europa a los referéndums inconstitucionales. Aragonès acababa de anotarse el tanto: Von der Leyen, convertida en figurante de postín de un espot electoral de ERC. La fotografía difundida por el Gobierno catalán era la guinda del anuncio: sugería una charla bilateral Aragonès-Von der Leyen que nunca tuvo lugar en esa cumbre autonómica.

La comisión de Venecia

El rugido de la pandemia ensordece noticias relevantes. El extesorero de CDC y reo de la justicia Daniel Osàcar implicando ante el juez a Artur Mas en la corrupción convergente es una de ellas. Otra es el rechazo categórico de la Comisión de Venecia, el órgano consultivo del Consejo de Europa sobre cuestiones constitucionales y derechos fundamentales, a los referéndums de independencia unilaterales como el del 1-O en Catalunya. "El referéndum puede abordar cuestiones territoriales, como la creación o fusión de entidades, así como la secesión, en los raros casos en que la Constitución nacional lo permite (…) Debe respetar el conjunto del ordenamiento jurídico. En particular, no puede ser organizado si la Constitución o una ley conforme a ella no lo prevén”, subraya la doctrina de la Comisión de Venecia.

Tras la defenestración de Mariano Rajoy y la subida de los socialistas al Gobierno, Josep Borrell marcó una prioridad estratégica en el Ministerio de Asuntos Exteriores: salir a competir en la arena internacional contra la potentísima maquinaria propagandística del ‘procés’. El Gobierno del PP nunca había mostrado un interés particular en esta liza.

La cristalización

Borrell pidió a su equipo y a la diplomacia disposición máxima para librar esa batalla. El barcelonés Manuel Montobbio, embajador español en el Consejo de Europa, fue una pieza clave del engranaje. El ministro requirió también a los parlamentarios españoles destinados en el Consejo tras las elecciones de abril del 2019 más proactividad y menos absentismo que sus predecesores: cuanta más participación y compromiso en la asamblea de Estrasburgo, más empatía de sus colegas europeos.

El aventurerismo del ‘procés’ nunca halló en Europa el cobijo del que la dirigencia independentista presumía en su relato mágico. El 1-O se hizo evidente. La labor posterior de Exteriores cristaliza ahora de forma textual en la doctrina de la Comisión de Venecia. Europa, además, se cura en salud ante otras posibles erupciones en sus dominios.

El rugido de la pandemia ensordece el fragor de otras batallas, pero solo las ensordece: las contiendas siguen en curso. El espot de Esquerra con Von der Leyen forma parte de una de ellas: la guerra infinita entre ERC y JxCat por la hegemonía en el nacionalismo catalán.