Un reto para la laicidad republicana

Las lecciones de Samuel Paty

La decapitación de un profesor en Conflans-Sainte-Honorine muestra como un incidente menor, amplificado en las redes sociales, puede acabar en tragedia

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Homenaje al profesor asesinado Samuel Paty en las calles de Conflans-Sainte-Honorine.

Homenaje al profesor asesinado Samuel Paty en las calles de Conflans-Sainte-Honorine. / ERIC GAILLARD (REUTERS)

Los hechos: Samuel Paty, un profesor de historia y geografía, fue decapitado el 16 de octubre cerca de su instituto en Conflans-Sainte-Honorine, una tranquila población de la 'banlieue' parisina. El profesor era el blanco de las críticas en las redes sociales desde el 5 de octubre cuando en una clase de educación cívica mostró dos caricaturas de Mahoma para debatir sobre la libertad de expresión.

La condena frontal: “Es a la vez un enseñante el que ha sido asesinado, pero también la libertad de pensar y de expresión las que han resultado dañadas”, resumió el fiscal antiterrorista. Samuel Paty ha pagado un alto precio -su vida- por promover la laicidad en el marco de la escuela pública francesa, la “cuna de la República”, en una ajustada definición del ex primer ministro Lionel Jospin.

Varias lecciones: el caso, que ha levantado una inmensa ola de solidaridad con el profesor Paty, permite extraer varias enseñanzas. La primera, la necesidad de preservar el papel de los maestros para fomentar el libre albedrío de sus alumnos, los ciudadanos de mañana. La laicidad, es decir, la cohabitación de todas las religiones, de toda forma de dudar y de no creer, debe ser preservada.

El presidente Macron tiene el deber de defender las reglas de juego de la República, pero debe apostar por una lacidad tranquila y evitar las amalgamas 

Segunda lección: el caso muestra como un incidente menor, amplificado en las redes sociales, puede acabar en tragedia. Como editorializó 'Le Monde', “antes de pagar con su vida su ardor para transmitir la noción de tolerancia, Samuel Paty padeció, en soledad, un calvario que concentra muchos males y derivas de nuestra época. Fue objeto de la caza al hombre en la redes sociales”.

Tercera lección: algunos conflictos escolares ya no pueden ser abordados solo intramuros por unos maestros que no tienen los instrumentos para atajar su amplificación y deformación. La reflexión es aplicable a la escuela francesa y a la de sus vecinos. Cuarta lección: el asesinato de Samuel Paty nos alerta de un contexto en el que los mensajes de odio llegan hasta las aulas. La autocensura puede adueñarse del discurso de los maestros. Se trata de saber conjugar la libertad de expresión con la cultura del respeto al otro. Una tarea nada fácil.

La respuesta política: el caso nos alerta también de las derivas que puede provocar el impacto emocional de este crimen, en el plano jurídico y sociológico, como apuntaban dos expertos en el diario 'Le Monde' (24 de octubre). La jurista Mireille Delmas-Marty escribía: “De un derecho penal de responsabilidad, que fundamenta el castigo en la prueba de culpabilidad y la proporcionalidad del delito, estamos pasando a un ‘derecho penal de la seguridad’. Un derecho policial”.

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Desde esta óptica, el Ministerio del Interior ha anunciado varias medidas que pueden ser interpretadas por algunos franceses de confesión musulmana como un “castigo colectivo”: del cierre de la mezquita de Pantin durante medio año a la disolución del Colectivo contra la islamofobia en Francia (CCIF). “Cuanto más los musulmanes en su conjunto sean objeto de amalgama con los terroristas, más algunos se adherirán a esta ideología mortífera”, alertaba Agnès De Féo.

Esta socióloga, que ha realizado un trabajo de campo entre jóvenes francesas de confesión musulmana, advertía del riesgo de convertir al asesino del profesor Paty -un refugiado de 18 años, de origen checheno, que fue neutralizado por la policía con nueve impactos de bala- en un antimodelo fascinante: “Estamos ante una hipermediatización que puede transformar a este terrorista en un héroe negativo, fascinando a los jóvenes en busca de un antimodelo para protestar contra una sociedad en la que no encuentran su lugar”.

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Las autoridades francesas, con el presidente Macron al frente, tienen el derecho y el deber de defender las reglas de juego de la República, empezando por la laicidad, pero deben apostar por una laicidad tranquila y evitar las amalgamas, tanto en el Hexágono como en el extranjero. Una frase del presidente, en el homenaje póstumo a Samuel Paty, ha levantado una oleada de protestas en el mundo musulmán: “No renunciaremos a las caricaturas”.

La libertad de expresión es un derecho prevalente -'Charlie Hebdo' pagó un alto tributo-. Los responsables públicos deben protegerla y ampararla, pero deben medir también el alcance de sus acciones y reflexiones. El problema de Macron no es la deplorable reacción de Turquía -la nueva salida de tono del presidente Erdogan-, sino la protesta de sus aliados tradicionales: “El Reino de Marruecos pide que se deje de atizar el resentimiento y se den muestras de discernimiento y respeto a la alteridad”. ¿Está en riesgo la llamada 'política árabe de Francia'?