01 dic 2020

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Ideas

Sacha Baron Cohen, en su papel de Borat. 

REUTERS / Phil McCarten

Borat: horror, sorpresa y deleite

Mónica Vázquez

La película de Sacha Baron Cohen nos trae al salón de casa una versión del mundo que creíamos absurdo e irreal

“La realidad supera la ficción” es una frase que se dice mucho, se dice rápido, pero se digiere lentamente. Se clava en los entresijos del día a día, contaminando el espejismo de bonanza. Su significado y el peso de su consecuencia cambia con los años, mutando a través del tiempo. De chiste a premonición. De premonición a noticia. De noticia a la promesa inescapable de un futuro que nos gusta soñar incierto, pero que descubrimos terriblemente predecible, día tras día.

El 2006 nos sorprendió con una película que jugaba a ser el documental sobre un reportaje a manos de un periodista de Kazajistán que visitaba Estados Unidos con la misión de capturar en cámara el espíritu del país, aprendiendo sobre su cultura y costumbres. 'Borat' nos escandalizó más allá de las risas nerviosas que nos generaba la certeza de saber que las personas que estaban siendo grabadas no eran conscientes de que era una ficción. No sabían que Sacha Baron Cohen, nuestro protagonista, estaba representando un papel creado ad hoc para generar la mayor cantidad de controversia y contraste en su viaje a través del país.

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Catorce años y varios proyectos cinematográficos después, Cohen nos trae a Borat de nuevo con una segunda película, continuación de la original. 'Borat: siguiente película documental' recoge las nuevas aventuras del reportero al que, tras haber sido castigado durante años por haber avergonzado a su nación en la primera película, le es dada una segunda oportunidad para traer honor a Kazajistán y es enviado de nuevo a Estados Unidos con la misión de seducir al Gobierno de Trump. Cohen lleva a Borat a lugares que creíamos inaccesibles, generando situaciones que se nos harían imposibles de no ser porque las estamos viendo en la pantalla, sucediéndose imparables en una sinfonía de gruñidos de desasosiego y resoplidos de atormentada sorpresa. Horror, sorpresa y deleite, Borat nos trae al salón de casa una versión del mundo que creíamos absurdo e irreal y nos obliga a enfrentarnos al hecho de que, aun viendo el mundo por lo que es, nunca haremos lo suficiente como para cambiar algo.