01 dic 2020

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Las restricciones en espectáculos

¿Qué nos queda?

¿Qué nos queda?

Núria Iceta

La cultura es segura porque es responsable y porque sabe que es necesaria, crea espacios de gratuidad y de sentido y nos hace sentir vivos

La segunda ola ha llegado cuando el agua de la primera todavía no se había retirado. Con visitas médicas no reprogramadas, con ertes no cobrados, con más negocios cerrados y para cerrar, con más precariedad y la misma incertidumbre, con más tratamientos pero sin vacuna, con muchas más preguntas en el aire. Este otoño aspirábamos a retrasar el reloj una hora pero no estábamos preparados para retrasar el calendario ocho meses.

El toque de queda y el marco temporal de mayo del año próximo por el estado de alarma deja aún más en suspenso los ánimos y abre muchos interrogantes sobre la gestión y la comunicación de la pandemia. Ya hablé de ello hace unas semanas.

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Por supuesto que no pretendo cuestionar el cumplimiento de las medidas obligatorias, y que hago lo que puedo con las recomendaciones que se nos hacen en todo momento, tanto a nivel personal como profesional. Pero hoy me quiero detener especialmente en el mundo de la cultura. La cultura es segura porque es responsable y porque sabe que es necesaria, crea espacios de gratuidad y de sentido y nos hace sentir vivos. ¿De qué sirve la declaración de bien esencial si no es para garantizar que alguien vela por mantener la buena salud de cuerpo y mente, disociados como los tenemos y conmocionados como nunca?

Las medidas decretadas el domingo suponen un toque de queda pero solo un toque de queda, así que no tendrían por qué desencadenar una tercera ola de cancelaciones como la de marzo. Es legítimo preguntarse el porqué de esta medida. O porqué esta y no otra. Si no detenemos toda la actividad ¿es porque no hace falta o porque no nos lo podemos permitir? Siempre serán lícitas y necesarias las preguntas que se interroguen sobre los efectos de las medidas, sobre los entornos que conocemos y los que no. No tengamos miedo de eso, por favor. Las prohibiciones sin explicaciones ya no sirven. La credibilidad de las mismas está en juego.

Y sí, del mismo modo que necesitamos la cultura para distraernos de las preocupaciones, también es la que nos hace hacernos tantas preguntas ... y la que nos da la capacidad para responderlas y comprenderlas.