27 nov 2020

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Sensacionalismo e insulina

Sensacionalismo e insulina

Lucía Etxebarria

El morbo vende ejemplares y dispara audiencias, pero arruina vidas.


Quizá ustedes hayan visto la película 'El misterio von Bülow'. En la película se nos presenta a Claus von Bülow como «el hombre más odiado de América» y nos quedamos con la idea de que muy posiblemente asesinara a su mujer. Pero el libro en el que se basa –'Reversal of Fortune', del abogado Alan Dershowitz– nos cuenta una historia completamente diferente. Claus von Bülow fue la víctima de dos personas que no querían de ninguna manera que él heredara, y que se aprovecharon de la corrupción judicial en Rhode Island para hacer creer que había asesinado a su mujer mediante una inyección de insulina. La insulina no deja rastro, así que podría ser el crimen perfecto. Pero precisamente por eso, también se convierte en la acusación falsa perfecta.

En pocas cosas puedo coincidir yo con Belén Esteban. Pero coincido en que si quieres asesinar a alguien con insulina no te quedas a su lado y vas comprobando el glucómetro: te vas a dormir, que mañana ya aparecerá en coma. Pero, sobre todo, si le has metido a alguien varias dosis de insulina (con una no llegas a ninguna parte), no se entiende que cuando llegue el SEM esa persona esté bien y recuperada. Por otra parte, el prospecto del Saxenda lo dice muy claro: las personas diabéticas pueden sufrir episodios de hipoglucemia si lo toman. Hablamos de un señor de 74 años, que acaba de tener una discusión, en una noche de calor extremo, diabético, y que se ha inyectado Saxenda. La hipótesis de una bajada de azúcar natural tiene mucho más sentido que el intento de asesinato.

Media España cree que Ángela Dobrolowski intentó asesinar a su marido. Medio mundo sigue creyendo hoy que Claus von Bülow intentó asesinar a su mujer. ¿Y por qué el público cree eso? Porque cierta prensa ya ha presentado su relato de los hechos, y el público cree lo que lee, por mucho «presuntamente» que el redactor añada.

La mirada de un asesino de una niña de tres años. Era el titular del 'ABC', impreso sobre la foto de Diego PV. Que fue puesto en libertad poco después. El titular y la foto allí quedaron. Dolores Vázquez pasó casi dos años en la cárcel por un crimen que no había cometido: la prensa y los medios la habían juzgado de antemano, antes que el propio jurado. Claudio Alba pasó cinco meses, acusado de tres asesinatos que nunca cometió. Eva Bracamonte, seis años, acusada de haber incitado el asesinato de su madre. ¿La única prueba? Su madre, cuando vio que un hombre entraba en casa, llamó a Eva, y Eva, dormida, no atendió a la llamada. Para la prensa la llamada significaba  que el asesino avisaba a Eva desde el móvil de su madre, para confirmar que había cumplido el encargo.

En una entrevista, Eva explicaba que siempre supo que saldría de la cárcel, porque fuera estaba su padre, su abogado, los pocos amigos que le quedaron, luchando por ella. Pero que cuando salió de la cárcel supo que dejaba allí a muchas otras mujeres que habían sido juzgadas como culpables siendo inocentes, y que no contaban con sus mismos recursos.

Este artículo es corto, espacio obliga. Pero existen tantos otros  casos parecidos... Y la responsabilidad se la llevan al 50% los medios y el público que les apoya. Y que no quieren recordar que el sensacionalismo y el morbo venden ejemplares y disparan audiencias, pero arruinan vidas.