26 nov 2020

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IDEAS

El director de cine David Fincher.

Películas sin director

Desirée de Fez

No puedo evitar temblar cuando detecto cosas así, cuando intuyo gestos abocados a despersonalizar por completo las cintas, a reducirlas a contenidos 'random'

¿En qué momento dejó de importar quién hacía las películas? Coinciden más o menos en el tiempo dos cosas que llaman mucho la atención. O que llaman la atención precisamente porque no se está llamando la atención sobre ellas. Una es el lanzamiento de los pósters de promoción de 'Mank', la nueva película de… Netflix. Porque el nombre del director, que no es precisamente ni un desconocido ni un mediocre, aparece tan chiquitito que hace falta una lupa para mirarlo. Es cierto que existe una exquisita página web secreta, compartida por Trent Reznor, compositor de la banda sonora del filme, que ofrece material increíble sobre la película. Pero es eso, un secreto. Un secreto contado. La realidad es que el principal impacto de 'Mank', o el más popular, es un póster (por otro lado muy hermoso) en el que David Fincher solo aparece en pequeño en los créditos de la película. La otra cosa es que el viernes llega a Apple TV+ 'On the Rocks', la nueva película de Sofia Coppola, y, o yo estoy muy despistada, o la promoción de su estreno ha sido más discreta de lo habitual con películas suyas.

Quizá esté equivocada, quizá sea una percepción errónea producto de la desconfianza. Pero no puedo evitar temblar cuando detecto cosas así, cuando intuyo gestos abocados a despersonalizar por completo las películas, a reducirlas a contenidos 'random' cuya única misión es ampliar catálogos. Evidentemente, en el caso de Fincher y Coppola es fácil desmontar esta apreciación porque son directores de prestigio que todo el mundo conoce. Porque sus películas no van a pasar desapercibidas ni a perderse en la inmensidad de una interfaz. Pero, ¿y si no es así? Damos por supuesto que lo es, pero la cinefilia crece y se renueva, y dejar de poner a los cineastas en su lugar, incluso cuando se hace creyendo que no es necesario reincidir en su importancia por ser directores importantes, es una decisión pésima. Además de una falta de respeto. La tendencia en ascenso de ignorar (o negar) la identidad de las películas y convertirlas en simples productos (de más o menos qualité) es francamente desoladora.