ANÁLISIS

Casado ya tiene su 155

La estrambótica moción de censura de Vox habrá sido su oportunidad, para empezar a consolidarse como verdadero líder del centroderecha

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El presidente del PP, Pablo Casado

El presidente del PP, Pablo Casado / E. PARRA (EUROPA PRESS)

La moción de censura contra Mariano Rajoy cambió el guion pero, tras ganar las primarias, Pedro Sánchez se concienció de que tenía tres años para consolidarse como alternativa. Arrancó a su ritmo, con un bajísimo perfil público, hasta que un día supo ver que había llegado su momento para volver al espacio tradicional del secretario general socialista, identificándose con un PSOE reconocible por sus votantes, a través del acuerdo con el Gobierno del PP para aplicar el artículo 155 de la Constitución en Catalunya.

La irrupción de Pablo Casado también fue a través de unas primarias y, a partir de ahí, su trayectoria ha sido una huida hacia adelante. Sus primeras elecciones fueron en Andalucía y, como esperaba un mal resultado, planeó el asalto al partido en ese territorio hostil que (las paradojas de la política) le dio la primera plaza conquistada: con el peor resultado de su historia se apuntó un feudo socialista gracias al apoyo de Ciudadanos y Vox. Se retrató al poco en la madrileña plaza de Colón con los líderes de ambos partidos y, sí, se estrelló en las generales de abril (de 137 a 66 escaños) pero tuvo la habilidad de camuflarlo a través del poder institucional que pactó en ayuntamientos y comunidades y de la repetición electoral que le sirvieron en bandeja en noviembre pasado. Fue tan sonoro el testarazo de Albert Rivera que los 23 diputados que recuperó el PP supieron a remontada.

Y seguían lamiéndoselos populares las heridas cuando llegó el virus. El débil gobierno de coalición, sin mayoría absoluta, ni siquiera había aprobado todas sus estructuras orgánicas. Fue tan fenomenal el tsunami que al líder del PP le pudo la ansiedad y empezó a combinar en su ecuación la cifra de los muertos y de votos: antes de que Sánchez e Iglesias llevaran cien días gobernando juntos, Casado ya estaba preparándose para las elecciones inminentes con una oposición tan despiadada, que terminó por reforzar a los socios. 

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Luego fue cuando entregó la cabeza de Álvarez de Toledo y cuando voló los puentes de la negociación con el Gobierno sobre el Poder Judicial y buscamos siempre la explicación en su debilidad interna y en su competición con Vox pero todo resultaba realmente incomprensible al mirar el calendario: no hay elecciones a la vista. El acuerdo europeo de los 140.000 millones hacía ya impensable en verano que no vayan a aprobarse los Presupuestos del Estado que garantizan la estabilidad de la legislatura de la coalición.

¿Será eso lo que ha terminado por entender Pablo Casado? Su contundencia al desmarcarse de la ultraderecha ha tenido la profundidad suficiente como para no ser flor de un día. Si tiene continuidad en el tiempo, resultará que la estrambótica moción de censura de Vox habrá sido su oportunidad, como el 155 de Sánchez en el PSOE, para empezar a consolidarse como verdadero líder del centroderecha. Veremos si ha decidido dejarse de ir a trompicones y hacer una carrera de fondo. Las urgencias de la pandemia y de la crisis económica nos darán ocasiones para comprobarlo.