La carrera a la Casa Blanca

La aventura de votar en Estados Unidos

El sufragio anticipado está batiendo récords a pesar de las prácticas para obstaculizarlo

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Estadounidenses emiten su voto anticipado, el 1 de octubre en Chicago.

Estadounidenses emiten su voto anticipado, el 1 de octubre en Chicago. / ASHLEE REZIN GARCIA (AP)

Para quienes observamos desde este lado del charco, la imagen resulta inconcebible: una larga cola para poder votar anticipadamente. Inconcebible para empezar porque tiene lugar varias semanas antes de la fecha de las elecciones –el próximo 3 de noviembre-; y para seguir, porque dedicar tanto tiempo para ejercer un derecho fundamental no parece propio de la democracia más potente del mundo. Pero lo es.

El caso más emblemático es siempre Georgia, donde hace pocas semanas se registraron colas de hasta ocho horas para poder votar. Desde hace años, los votantes del estado sureño se vienen quejando de los múltiples impedimentos que encuentran: problemas con las máquinas, con los registros, con los documentos necesarios para demostrar la identidad. Da la 'casualidad', además, de que esto suele ocurrir en zonas con población mayoritariamente negra. Numerosos estudios demuestran que los negros tardan un 45% más que los blancos en poder ejercer su derecho al voto.

Pero no sucede solo en Georgia. No hay que olvidar que cada estado tiene su propia ley electoral y su propio sistema. La práctica de obstaculizar el voto se une en la historia al fin de la esclavitud y a la negación de los derechos cívicos a la población negra emancipada. Impuestos para poder votar, exámenes de voto, tests de alfabetización… eran tácticas habituales hasta la aprobación, en 1965, de la ley de derecho de voto, que acabó con cualquier práctica discriminatoria.

Hasta que un nuevo cambio legislativo, en el 2013, volvió a permitir decisiones que, de hecho, hacen que votar sea muy difícil, si no imposible, para una parte de la ciudadanía.

La Comisión de Derechos Civiles, una agencia federal, ha identificado las cinco tácticas más frecuentes para obstaculizar el voto. Una son las leyes que obligan a mostrar un documento de identificación con foto, en un país en el que no existe nada similar al DNI; el más común sería el carnet de conducir, pero es obvio que no todos los ciudadanos en edad de votar lo tienen. En otros casos se requieren pruebas de ciudadanía, especialmente pensada para inmigrantes y sus descendientes, lo que implica farragosos trámites burocráticos –solo un 42% de la población tiene pasaporte-. Otra es el cierre de lo que en España se conoce como colegios electorales, los lugares de votación, con o sin aviso previo. Entre las que más demandas han ocasionado están las purgas en el censo electoral: en teoría realizadas para eliminar a personas ya fallecidas o para detectar fraude, en la práctica, cualquier pequeño error a la hora de rellenar la solicitud de registro sirve como excusa, lo que ha dejado fuera a cientos de miles de personas. Por último, todo tipo de cortapisas al voto anticipado.

Este tipo de prácticas se detecta, sobre todo, en estados gobernados por republicanos. Una de las más controvertidas, la reciente decisión del gobernador de Texas de limitar los puestos de entrega de papeletas de voto anticipado a uno por condado. Harris, uno de los condados cercanos a Houston, cuenta con 4,7 millones de residentes. Sin palabras. La decisión fue posteriormente suspendida por un juez.

Otro juez, esta vez en Florida, acaba de decretar que los presos que tengan deudas económicas con el estado no podrán votar. La decisión torpedea una enmienda a su ley electoral de hace dos años que permitía votar, por primera vez, a la población reclusa.

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Y no son solo la ley y las malas prácticas. Los propios sistemas de registro y de voto anticipado no son sencillos. El hecho de que las elecciones se celebren un martes laborable –el primer martes, después del primer lunes de noviembre- no facilita que mucha gente pueda disponer del tiempo necesario para ir a votar, máxime si implica horas.

A todo ello se suma, este año, el miedo al coronavirus y a las aglomeraciones. La alternativa del voto por correo lleva meses siendo espoleada por el presidente Trump bajo acusaciones de fraude. De hecho, su campaña sembrando sospechas sobre el sistema comenzó antes incluso de ganar la presidencia, en el 2016, y ha continuado desde entonces. Nunca antes un ocupante de la Casa Blanca había minado de tal modo la credibilidad de los principios democráticos de su país.

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Pese a todo, el voto anticipado está batiendo récords. Sea por el miedo al virus, sea por el deseo de participar políticamente en un momento que se perfila como decisivo para el país. El lunes 19 de octubre más de 29 millones de estadounidenses habían votado, tanto en persona como por correo. En el 2016, en las mismas fechas, lo habían hecho 6 millones.

Dicen los datos que la alta participación suele favorecer a los demócratas.